jueves 11 de septiembre de 2008

Federico Soriano / Algunas definiciones de la palabra "diagrama".

El diagrama es una herramienta proyectual adaptada a nuestro momento arquitectónico
El proyecto necesita estar definido y controlado al mismo tiempo que debe permitir asumir modificaciones en el transcurso de su desarrollo.
Documentos que generamos son documentos de código abierto, cualquier actuante los va a modificar, los debe modificar, adaptarlos. Es necesario preservar los datos básicos permanentes de las decisiones formales variables. Construir mediante construcciones de uso.



El diagrama es una estructura grafica de pensamiento asociada a un procedimiento. Presenta los datos básicos, físicos, de relaciones, o de programas que en ese momento dado se conocen de la idea en profundidad. Al mismo tiempo se deja abierta otras partes del proyecto que, o bien serán desarrolladas o conocidas en etapas posteriores



DIAGRAMA: (PALABRAS CLAVES: (Diccionario Metapolis))
El diagrama es la representación grafica del curso de un proceso dinámico sintetizado mediante compresión, abstracción y simulación.
Juega un doble papel: es un modo de notación (de análisis, de reconocimiento y de reflexión) pero también es una maquina de acción (generativa, sintética y productiva)
Diagnostico y respuesta / mapa y trayectoria. El bit esencial de la acción.
DIAGRAMAS @
Un diagrama hoy es arquitectura. No es un esquema, una simplificación, un dibujo preparatorio que necesita ser traducido a un lenguaje o a una disciplina especifica.
Directamente es el espacio, la forma, el material que lo construye. Son voces directas, palabras sintéticas, sin lenguaje, ni metáforas, ni estructuras de pensamiento profundas. Son tuétanos de forma
o de contenido. Son nudos de información. Uno de sus constituyentes siempre es el tiempo. Definen la forma mediante procedimientos o acciones. No son irreales sino precisos y concretos. Son alogaritmos gráficos. Son sintetizaciones y no reducciones. Son complejos y complicados. Son mecanismos de intelecto como imagen final de la arquitectura. El diagrama aboga por la ejecución directa entre pensamiento y ejecución. Hace coincidir el tiempo de la concepción con el momento de construcción.
El diagrama ha sido definido como el mínimo elemento grafico que explica un concepto
. Es la representación de una idea, de un procedimiento, de un espacio, de un concepto, haciendo perder valor a su expresión o al gesto de su aparición. Frente a otros instrumentos de representación, ideogramas, gráficos, planos, ha asumido contemporáneamente una instrumentalizad mas directa y efectiva. Se ha convertido en una maquina abstracta.
Un ideograma es un símbolo, un gesto que describe la estructura de una arquitectura. Un grafico es un dibujo que presenta, de manera simplificada, un dato, una información, una relación. Un mapa es la convención lingüística de un territorio, define posiciones, condiciones o simplemente datos sobre un espacio. Un dibujo explica o representa una organización de la forma o la materia. Un diagrama, al contrario que los anteriores es un procedimiento. Conjuga la información, las relaciones o asociaciones y los fenómenos con la organización, el espacio o la materia. Opera por detrás de la imagen, por su cara oscura. El diagrama se ejecuta por acumulación de información. En combinar cuanto más datos mejor. Precisamente nos interesa esta yuxtaposición controlada.
Tradicionalmente el diagrama era un esquema geométrico inicial. Representaba una organización topológica que esperaba posteriormente su correspondiente traducción arquitectónica. Sin ella no eran más que organigramas óptimos. La arquitectura de los años 70, 80 ya los usaban como modelos de análisis y proposición.
Las convenciones arquitectónicas eran las encargadas de transformarlos en documentos adecuados: planos, secciones, detalles constructivos. Sin esta transformación no eran útiles porque no tenían condiciones arquitectónicas.
Este modelo ha debido transformarse. La arquitectura ya no es un objeto.
Los procesos de producción se han acelerado, al mismo tiempo que demandaba una mayor flexibilidad. La arquitectura quiere ser una obra abierta, eliminar el concepto de fin, de acabamiento. La continuidad entre las fases de concepción, elaboración y construcción y uso ha diluido las antiguas fronteras. Estos campos se superponen, solapándose los trabajos. También los objetivos han dejado de ser iniciales. Han sido sustituidos por unas orientaciones que acompañan la dirección del movimiento. El desarrollo y las condiciones cambiantes del entorno son las que modelaran las metas.
Hay que usar unos instrumentos que permitan mantener un control exacto pero difuso, preciso pero abierto. El dibujo de las cosas que antes era un instrumento de conocimiento, es ahora una maquina de instrucciones. Un procedimiento de decisiones. Sin fin, sin documento final. Cada plano, cada dibujo no es mas que la información del intercambio entre dos estados, de la materia o de los interpretes. El diagrama contrae ambos estados, primero en una organización superficial para después expandirla hacia otras nuevas estructuras
. El dibujo precisamente ya no debe acabar en ese mismo diseño.
Diagramas aboga por la abstracción, por la eliminación del lenguaje y la metáfora o la analogía. La abstracción es una eliminación de relaciones causales y localizaciones espacio – temporales. Significa, por tanto, la exclusión del lenguaje clásico de la arquitectura, los códigos de su forma de construcción, por otro sistema de signos, el lenguaje moderno, la maquina. Por una abstracción que era la estilización simplificada de las líneas formales. No es más que la sustitución de viejas palabras por otras nuevas, manteniendo los ismos significados y estructuras. Las corrientes minimalistas, hoy socialmente en plena aceptación. En un paso más forzaban a la apreciación de un lenguaje de grado cero, un lenguaje sin significados. Es el uso de una sola palabra, en el límite.
Sin embargo la abstracción contemporánea es concebida como un campo especifico, con estructuras y reglas autónomas, y un catalogo que iguala programas, materiales y relaciones. Elimina cualquier metáfora, y el intento de alcanzar relaciones significantes. Un diagrama es el instrumento para abstraer la forma de sus componentes lingüísticos, y operar sin condiciones significantes, exclusivamente con las que la propia imagen elabora. Es una estructura que sustituye a la estructura profunda, a la infraestructura previa representación.
Existen dos comprensiones, y por tanto dos maneras de usar los diagramas. Basándonos en un paralelismo entre icnología (lo que significan o representan los signos o elementos gráficos) e iconografía (la descripción, ordenamiento o colección de imágenes) hablaría de un diagrama-logia y un diagrama –grafía.
En el primer caso el diagrama-logia es representación, es conceptual, es protofuncional
, es incorpóreo, asignificante. Tiene relación con los flujos, densidad, todo tipo de fuerzas móviles. Los conceptos son representados de manera abstracta. Hay una relación linerar, simbólica o determinista con lo concreto de su construcción. Esta abierto a diferentes interpretaciones. Es usado en técnicas intermedias. Las fuerzas irreductibles son rigurosamente conceptualizadas a través de su representación abstracta en diagramas del sistema dinámico de organización. Tiene relación con los gráficos físicos y económicos.
El segundo, denominado diagrama-grafía, es brevedad, es producción, es protoproyectual, es corpóreo, comunicativo. Non es estructura, ni reducción sino abstracción. Se usa para producir, generar o inventar nuevos conceptos. La relación con lo concreto es no-linear y no determinista, su uso en unos casos no presupone la conversión en reglas.
Curso proyectual de un proceso dinámico que también es proyectual. Usa los mismos medios que los gráficos económicos mudando sus referencias. El diagrama es la expresión de un procedimiento.
Mientras los primeros diagramas estarían relacionados con foucault
en su representación abstracta de una expresión cultural, política, y de organizaciones, este segundo modelo se relacionaría con Deléuze, cuyo interés se centra en el elemento pictórico de su imagen, y en como esta se convierte en una maquina abstracta de pensamiento. La distancia entre materia y contenido se reduce drásticamente hasta hacerla desaparecer. El signo es su significado. Su definición paradigmática es la maquina abstracta, una maquina de pensamiento no-linear.
El diagrama contemporáneo piensa en imágenes. Es generativo y proyectivo. Un diagrama es extrovertido. Es capaz de salir de si mismo para crear discursos que actúan sobre el referente. Es invisible. Es material, aunque sustituye la representación de la materialidad por la información de las mismas. El diagrama es una técnica abstracta. Trabaja mediante la reducción, la abstracción y la representación.
Si la reducción del esquema lo que quería era reducir conceptos para controlarlos mejor, el diagrama inmediato no reduce los componentes o las variables sino que reduce de manera similar a los procesos químicos o a las concentraciones en procesos culinarios, eliminando de ellas los datos o valores extensivos sin interés (forma, escala)
Si la abstracción parecería querer separar las condiciones y variables reales que distorsionan la esencia del problema hoy esas condiciones y variables son las que abstraídas de los soportes físicos, convertidas en procesos, generan el diagrama.
Si la representación suponía que los elementos del dibujo eran iconos de otros reales, físicos, pertenecientes a la disciplina de la arquitectura y el propio diagrama era una representación de la naturaleza, ahora la representación es una presentación grafica.
Pero, finalmente, no se trataría tanto de convertirlo en pieza imprescindible de los procesos proyectuales, cuanto en infiltrar sus condiciones a todos los instrumentos y documentos, sean gráficos, o no. Se trataría de trabajar y leer unas plantas y secciones con la depuración y derechura de los diagramas. Convertir detalles constructivos en detalles diagrama, sustituyendo la descripción física de un objeto cerrado, al modo de un mecanismo de precisión, por el procedimiento que describa las labores de su ejecución. Escribir unos alzados fuera de las reglas compositivaza. En suma, liberar de nuestro control el resultado por el que el propio objeto arquitectónico ya puede establecerse por si solo. Y sobre todo flexibilizar la arquitectura en lugar de producir objetos flexibles. Transformarla en una disciplina multiuso más que inventar edificios multiuso. Viendo en las secciones instrucciones de montaje, en las plantas instrucciones de uso y en el objeto las instrucciones del tiempo.

lunes 9 de junio de 2008

Guy Debord / La sociedad del espectáculo

El libro más importante del filósofo francés Guy Debord, fundador y principal figura de los situacionistas.

El libro se descarga de rapidshare en formato pdf: La sociedad del espectáculo

Otros trabajos del autor y de otros autores situacionistas se pueden bajar desde el siguiente enlace: Archivo situacionista.

Francesc Muñoz / Paisajes aterritoriales, paisajes en huelga

Descagar en formato pdf

capítulos del libro urBANALización: paisajes comunes, lugares globales


1. Presentación

La evolución del territorio y las ciudades muestra actualmente la producción de paisajes, atmósferas y ambientes, tanto urbanos como no urbanos, que son replicados y clonados independientemente del lugar a lo largo y ancho del planeta. Es lo que hemos convenido en llamar tematización. Una producción de territorio a escala global que se concreta en la multiplicación de paisajes comunes, orientados no ya al consumo de un lugar sino al consumo de su imagen, independientemente de donde se encuentre físicamente el visitante.

Emerge así una nueva categoría de paisajes temáticos que se definen por su aterritorialidad. Es decir, paisajes independizados del lugar, que ni traducen sus características sobre el territorio ni son resultado de sus contenidos físicos, sociales o culturales. Paisajes reducidos, así pues, a sólo una de las capas de información que lo configuran, la más inmediata y superficial: la imagen.

Se pueden así reproducir las calles y casas típicas de la Boca o de Nueva Orleans y replicarlas en cualquier centro comercial del mundo. Es posible simular las azoteas, ventanas y celosías de las ciudades islámicas, repitiéndolas en mil y una urbanizaciones de verano en los resorts y áreas turísticas del sur de Europa. Es fácil entonces seleccionar los elementos visuales más peculiares y característicos de los centros históricos mediterráneos, como los colores de las fachadas, las puertas de madera o hasta los mismos espacios públicos, y clonarlos incluso en otros centros históricos.
Los paisajes son de este modo consumidos independientemente del lugar por que ya no tienen ninguna obligación de representarlo ni de significarlo. Son paisajes 'desanclados' del territorio y van, sencillamente, dimitiendo poco a poco de su función, declarándose así en huelga.

Estos son los paisajes de la urbanalización, espacios temáticos donde la única forma de representación pasa por el gadget o el souvenir; entornos que forman parte de una cadena de imágenes sin lugar, reproducidas en régimen de take-away.

2. Los paisajes aterritoriales

La dispersión de la población, la producción y el consumo sobre el espacio han hecho que la cartografía urbana se haya hecho ya casi total. Esta extensión global de la ciudad y lo urbano ha producido también algo que puede llamarse como indiferentismo espacial. Es decir aparecen semejanzas morfológicas entre espacios normalmente concebidos como diferentes en momentos anteriores. Así había sucedido tradicionalmente con los espacios urbanos y los rurales, con los centros y las periferias, con las grandes ciudades y las de menor tamaño.
Se puede ilustrar este fenómeno en dos direcciones:
En primer lugar, existe un indiferentismo espacial entre áreas con diferentes grados de urbanización que, paradójicamente, no aparecen tan distantes en términos morfológicos. En otras palabras, es posible encontrar características urbanas en territorios normalmente concebidos como espacios no urbanos. La aparición de las llamadas edge cities, o ciudades 'en el límite', o la multiplicación de parques tecnológicos, industriales y temáticos en espacios regionales, son buenos ejemplos de este proceso.
Esta dinámica produce la homogenización formal y funcional entre estos territorios de expansión metropolitana a partir de la localización de usos característicos de la urbanización dispersa: la residencia unifamiliar, las infraestructuras viarias o los contenedores comerciales, de ocio y turísticos. Un paisaje que se puede encontrar de forma secuenciada y repetida en cualquier sección que se haga del territorio metropolitano. Edward Relph se refiere de forma muy grafica a este paisaje compuesto por discontinuidades repetidas de forma estandarizada: "To drive around a city in the 1980's is to encounter a limited range of different types of townscapes, indefinitely repeated. These are, in fact, so different that they seem to bear little or no relationship to one another. There are drab modernist renewal projects, gleaming towers of conspicuous administration, gaudy commercial strips, quiet residential suburbs, the blank boxes and great parking lots of shopping malls, quaint heritage districts, industrial estates; then there are more modernist housing projects, more suburbs, another comercial strip, another industrial district, another post-modern townscape, another suburb......It seems that modern life is filled with an easy acceptance of repetitive standardised discontinuities." (Relph, 1987)

En segundo lugar, puede observarse un indiferentismo espacial comparando espacios tipológicos concretos en ciudades diferentes. De forma más específica, las diferencias morfológicas entre los espacios de renovación, como pueden ser waterfronts o centros históricos, en la mayoría de ciudades son prácticamente inexistentes.

Estos procesos han determinado un progresivo vaciado de los atributos del paisaje geográfico en general y del paisaje urbano en particular. Para ilustrar esto, basta recordar la progresiva especialización de territorios dedicados a la producción de un tipo específico de paisaje, de morfologías especialmente diseñadas para el consumo mediático y visual de las poblaciones metropolitanas: el paisaje natural, el paisaje urbano histórico o el paisaje urbano portuario serian tres ejemplos muy claros.

Estas dinamicas son tan importantes que se puede hablar de la existencia de un sistema de produccion de paisaje que tiene por objeto la produccion de morfologias, atmosferas y ambientes urbanos paradojicamente sin temporalidad ni espacialidad reales sino simuladas, replicadas o, simplemente, clonadas. Una produccion de forma urbana globalizada que se concreta en una serie de paisajes comunes orientados no ya al consumo de un lugar sino al consumo de su imagen, independientemente de donde se encuentre fisicamente el visitante consumidor. En palabras de Ignasi de Sola-Morales: “Nos estamos enfrentando a la experiencia de una nueva cultura mediática en la cual las distancias son cada vez más cortas hasta el punto de hacerse instantáneas. Una cultura mediática caracterizada por el hecho de que la reproducción de imágenes, con toda clase de mecanismos, hace que estas dejen de estar vinculadas a un lugar específico y que fluyan, de forma errática, a lo largo y ancho del planeta” (Solà-Morales, 1995).

Emerge así una nueva categoría de paisajes definidos por su aterritorialidad: esto es, paisajes independizados del lugar, que ni lo traducen ni son el resultado de sus características físicas, sociales y culturales, paisajes reducidos a solo una de las capas de información que lo configuran, la mas inmediata y superficial: la imagen.

Pero si habitar el lugar tiene así tanto que ver con el consumo de su imagen la conclusión es muy clara: si bien no es posible crear el lugar su imagen si puede ser reproducida, simulada o replicada. Es decir, la imposibilidad de crear el lugar venia siempre dada por la dificultad para reproducir las relaciones sociales y culturales que lo caracterizan. Unos elementos que solo el paso del tiempo, la historia, puede generar. Ante la imposibilidad de crear el lugar, sin embargo, se ha tendido a recrearlo, y eso, ni mas ni menos, es lo que se ha venido haciendo tradicionalmente en los parques temáticos y de ocio: recrear, simular lugares lejanos y, ya que se trata de una recreación, también tiempos pasados e incluso la síntesis de ambos procesos: reproducir lugares remotos del pasado, como la China de Marco Polo, la Inglaterra del Rey Arturo o el Far West.
Así, entendiendo el paisaje como la resultante del lugar, como la traducción de las relaciones sociales y culturales que dan forma al locus, el paisaje no puede ser creado, únicamente recreado. Pero si de lo que se trata es de su imagen la cosa es diferente. Mas todavía, si el paisaje se reduce a su imagen, a su contenido visual, entonces, repitiendo las palabras de Sola-Morales, el paisaje es reproducible, con toda clase de mecanismos, hasta el punto de que el paisaje, los paisajes, dejan de estar vinculados a un lugar o lugares específicos y fluyen, de forma errática, a lo largo y ancho del planeta.
En otras palabras, el paisaje, los paisajes, toda vez simplificados a través de su imagen, no solo pueden ser recreados sino, de hecho, creados. Se pueden así reproducir las calles y casas típicas de la Boca o de Nueva Orleans y replicarlas en cualquier centro comercial del mundo. Es posible simular los tejados, ventanas y celosías de las ciudades islámicas repitiéndolos por doquier en mil y una urbanizaciones de verano en resorts y áreas turísticas del sur de Europa. Es fácil así seleccionar los elementos visuales más pintorescos de los centros históricos mediterráneos, como los tonos de color de las fachadas, las puertas de madera o hasta los espacios públicos, y clonarlos incluso en otros centros históricos.

Estos paisajes resultado de sucesivos copy&paste son absolutamente independientes del lugar porque ya no tienen ninguna obligación de representarlo ni significarlo; son paisajes 'desanclados' del territorio que, tomando la metáfora de la huelga de los acontecimientos que explica Jean Baudrillard, van sencillamente dimitiendo de su cometido: “Es como si los acontecimientos se transmitiesen la consigna de la huelga. Uno detrás de otro, van desertando de su tiempo, que se transforma en una actualidad vacía, dentro de la cual ya solo tiene lugar el psicodrama visual de la información”. (Baudrillard, 1993).
De la misma forma, los paisajes también van declarándose progresivamente en huelga. Si los acontecimientos desiertan de su tiempo los paisajes dimiten de su lugar. Al igual que el tiempo se transforma en actualidad el espacio se reduce a su imagen. Al gobierno de la actualidad informativa corresponde así un espacio simplificado regido por las reglas del consumo y la visita turística, donde la única posibilidad de representación pasa por el gadget o el souvenir.
Narración mediática del tiempo y apropiación temática el espacio van así de la mano configurando una realidad en la que la cadena continua de noticias va acompañada de otra cadena también de alcance global: la de las imágenes sin lugar reproducidas en régimen de take-away.

3. Planificación y política urbana en la metrópolis postindustrial: la urBANALización

Teniendo en cuenta todo lo dicho, quizás podamos entender ahora mejor como ciudades con historia y cultura diferentes y localizadas en lugares diversos están produciendo un tipo de paisaje estandarizado y común. Aparece así un tipo de urbanización banal del territorio, en tanto en cuanto los elementos que se conjugan para dar lugar a un paisaje concreto pueden ser repetidos y replicados en lugares muy distantes tanto geográfica como económicamente.
La urbanalizacion se refiere, asi pues, a como el paisaje de la ciudad se tematiza, a como, a la manera de los parques tematicos, fragmentos de ciudades son actualmente reproducidos, replicados, clonados en otras. El paisaje de la ciudad, sometido asi a las reglas de lo urbanal, acaba por no pertenecer ni a la ciudad ni a lo urbano, sino al gobierno del espectaculo y su cadena global de imágenes.
Un proceso en el que las políticas urbanas han proporcionado, en no pocas ocasiones, el marco idóneo para el desarrollo de tales tendencias. Unas políticas vinculadas directa o indirectamente a lo que algunos autores han llamado como el neoliberalismo económico y político o, en palabras del geógrafo Neil Smith, la revancha neoliberal, ( Según Smith, las políticas urbanas de corte neoliberal desarrolladas durante las dos ultimas décadas del siglo XX muestran el auge de un revanchismo contra los avances sociales que las políticas de izquierda, el estado del bienestar y la llamada contracultura habían propiciado en los 60 y 70 tanto en Europa como en Estados Unidos) y que se han caracterizado por la simplificación de los objetivos de la planificación y, auspiciada por esta, la festivalización de las políticas urbanas. El resultado de esta confluencia no ha sido otro que la tematización de lo urbano y de la propia ciudad.

4. La 'festivalización' de las política en las ciudades: el zoco global de imágenes urbanas

Marco Venturi introdujo en 1994 el concepto de festivalización para referirse al desarrollo de políticas urbanas concebidas a partir de la necesidad de un gran evento como la máquina principal para la transformación de la ciudad y la solución de sus problemas. Venturi se interrogaba así sobre el carácter cíclico de unas políticas que habían acompañado a la ciudad desde la época de las grandes ferias de la industria o las exposiciones universales que todavía continúan celebrándose.
Siendo esto cierto, vale la pena plantear, sin embargo, que las políticas urbanas festivalizadas que se han ido sucediendo en ciudades diferentes desde la mitad de los años ochenta presentan un denominador común que las hace claramente contemporáneas y diferentes de los grandes eventos urbanos del siglo XIX y gran parte del siglo XX. Se trata de políticas cuya prioridad absoluta ha sido la participación de la ciudad en unos mercados de producción y consumo que se caracterizan por ser ya globales. Considerando este contexto y esta prioridad, se entiende la necesidad de programas de marketing encargados de crear una imagen urbana capaz de atraer un capital que es global e hipermovil (Harvey, 1993). Una inversión que, a su vez, hará posible la transformación de la ciudad.

Estos programas de imagen urbana representan, de hecho, una inversión en el orden de los factores que participan en el proceso de producción del espacio, en el sentido que la imagen se debe crear antes de que se produzca la propia forma urbana. Los grandes eventos urbanos, como exposiciones universales o Juegos Olímpicos, siempre habían significado la creación de una imagen nueva para la ciudad, una imagen publicitada en la comercialización de los nuevos espacios urbanos (Muñoz, 1997). Sin embargo, este proceso de marketing se desarrollaba después de que el territorio hubiera sido producido o renovado y la imagen atañía a la representación del nuevo escenario resultante del proyecto urbanístico, es decir, a la narración posterior que se hacia de la transformación de la ciudad.

Hoy en día, parece evidente que la imagen se ha convertido en una condición necesaria del proceso mismo de la transformación urbana, hasta tal punto que se puede considerar como el primer elemento necesario para producir ciudad. Eso explica por qué la imagen urbana necesita promoverse y publicitarse antes de que se coloque un solo ladrillo.

Si las ciudades actuales necesitan del marketing urbano es porque la imagen de la ciudad es un factor básico para atraer inversiones y capital. No es esta una cuestión poco importante pues el papel de las políticas urbanas, pero sobre todo de la arquitectura, se va reduciendo en cierta medida a la producción y reproducción de imágenes urbanas. Esta reducción del papel y objetivos permite hablar de políticas urbanas y de una arquitectura espectacularizadas, si tomamos en consideración las dos definiciones de espectáculo sugeridas por Guy Debord en La sociedad del espectáculo: espectáculo como relación entre personas mediada por imágenes y espectáculo como capital que ha sido acumulado hasta tal punto que se ha convertido en imagen.
Amputada de otros contenidos y limitada al mercadeo de las imágenes, la arquitectura aparece así simplificada y reducida a poco más que un anuncio publicitario. Un spot de la ciudad (Crilley, 1993) en el que arquitectos-marca y edificios-logo aseguran el encaje de lo urbano en las reglas del branding. Arquitecturas y ciudades expuestas cual ofertas de ocasión en un gran zoco global de imágenes urbanas.

5. De la producción al consumo: especialización económica y tematización de los centros urbanos

Para encontrar ejemplos de este tipo de transformación de la ciudad basta observar la evolución reciente de las áreas urbanas más centrales. Ante la paulatina perdida de las actividades productivas, anteriormente características de estos entornos, la respuesta, progresivamente generalizada por parte de los gobiernos, ha sido la aceptación acrílica de su conversión en un espacio para usos terciarios diversos. Esto ha sucedido en territorios específicos como áreas históricas y frentes marítimos, espacios urbanos donde el proceso de cambio espacial se ha asociado directamente con la gestión de, en palabras del geógrafo Neil Smith (1996), las fronteras de la gentrificación.
La venta de esta ciudad elitizada, en el fondo, no es más que el resultado lógico de una tendencia estructural en la historia reciente de las ciudades contemporáneas: la progresiva conversión de los centros urbanos en lugares especializados y orientados a la economía de los servicios o al consumo. Son los mismos espacios que, desde el nacimiento de las economías urbanas industriales, se habían caracterizado por ser los lugares de la producción. En muchas ocasiones, la respuesta de las políticas urbanas a este fenómeno ha sido la aceptación tacita de esta transformación de las áreas centrales en espacios para las actividades terciarias. Puertos y frentes marítimos, áreas industriales de primera generación y centros históricos resumen este proceso y muestran claramente cómo ciudades muy diferentes - en términos de volumen poblacional, extensión territorial y posición en los rankings económicos- han experimentado procesos similares de terciarización, a veces selectiva, a veces indiscriminada, del espacio urbano.
Los riesgos que esta reducción de las funciones urbanas, y la consecuente especialización, entrañaban no siempre fueron percibidos de forma crítica por los gestores de las políticas urbanas. En muchos casos, se ha tratado del comienzo de un autentico proceso de tematización de la ciudad. Un concepto que quiero definir como la exportación al territorio urbano de espacialidades y temporalidades características de los contenedores de ocio y consumo especializado, tales como centros comerciales, multicines o parques temáticos. Es decir, la misma lógica que rige los itinerarios en el espacio y el uso del tiempo en estos contenedores comerciales y de ocio se ha exportado a la ciudad real. En este sentido, los lugares tradicionales de la ciudad - los elementos tipológicos como calles y plazas, que han caracterizado históricamente la ciudad compacta - van siendo transformados progresivamente según un modelo de intervención muy similar.

No sólo se reproducen los formatos espaciales y las lógicas temporales de los contenedores sino que se presenta un tipo similar de experiencia urbana estandarizada, muy vinculada a lo que Sharon Zukin llamo ya hace años como la domesticación por capuccino. Unas atmósferas urbanas que, paradójicamente, reproducen o imitan de forma temática la simulación de espacios urbanos que siempre caracterizo el diseño de los contenedores de ocio y consumo.
Para apreciar la importancia de estos procesos, es importante no olvidar que las primeras políticas urbanas de regeneración de centros históricos y de áreas urbanas centrales en Europa concebían el espacio central de la ciudad como un complejo entramado de relaciones urbanas. La diversificación de las actividades económicas y el mantenimiento de las funciones residenciales se habían planteado como herramientas para hacer visibles las posibilidades de la vieja matriz compacta como una forma urbana útil aun en la era postindustrial.
Sin embargo, la mayoría de las experiencias de renovación llevadas a cabo durante los últimos años han provocado justo los resultados opuestos: la especialización económica y funcional, la segregación morfológica de los ambientes urbanos y la tematización del paisaje. Estos tres elementos caracterizan lo que defino como urbanalización.
Incluso en aquellos casos en los que la función residencial se ha mantenido, los espacios centrales e históricos han ido adquiriendo una nueva función a una escala metropolitana, regional y global. Más que una ciudad para ser habitada a diario se configuran como un espacio urbano diseñado para ser visitado intensivamente y a tiempo parcial.

Después de todo lo dicho, se puede decir que la ciudad postindustrial genera un doble flujo en relación con las formas del crecimiento y la transformación urbana:
Por una parte, tiene lugar una producción de islas especializadas dedicadas a la producción o al consumo. Estas islas constituyen un tejido metropolitano de contenedores de diverso orden. Se trata de objetos que jerarquizan el territorio y articulan los flujos de movilidad - de personas, mercancías e información -.
Aparece así una geografía objetualizada cuya lógica no es la de los lugares urbanos sino la de los contenedores mismos y la movilidad que generan. En lugar del tradicional modelo de la mancha de aceite, el territorio metropolitano parece articularse como una secuencia discontinua de manchas de aceite (Nogué, 2003) que corresponden tanto a los agregados de densidad como a los atractores de movilidad. Un urbanismo que propongo llamar como urbanismo de los hubs, o (hub)banismo y que da forma a un territorio donde los espacios que han forjado e inspirado la disciplina urbanística, el urbanismo, durante dos siglos no son ya los únicos que cuentan a la hora de descifrar la cartografía de la centralidad metropolitana: “Pero en su presente encarnación, el viejo centro es exactamente otra pieza en el tablero, una ficha que tiene tal vez el mismo peso que el aeropuerto, el centro médico o el complejo museístico. Todos ellos nadan en un caldo de centros comerciales, hipermercados y almacenes, restaurantes drive-in, naves industriales anónimas, circunvalaciones y áreas de autopista” (Sudjic, 1993).

Por otra parte, los lugares tradicionales de la ciudad, las formas urbanas reconocibles de la ciudad compacta, esas áreas donde elementos tipológicos como calles y plazas articulan un tejido, se han ido convirtiendo también en contenedores y han sido, por tanto, objetualizadas. A pesar de que se mantenga la morfología de la ciudad, las funciones urbanas han cambiado definitivamente y han sido simplificadas de forma temática.
Pocos territorios urbanos pueden ilustrar este escenario mejor que los centros históricos y los frentes marítimos, quizás las áreas que, como se ha sugerido anteriormente, mejor han representado el alcance y consecuencias de la renovación urbana en la ciudad postindustrial (Paradójicamente, estas dos áreas han sido también los espacios más identificados cultural y simbólicamente con una serie de atributos urbanos característicos de la ciudad industrial. La iconografía y la traducción fílmica llevada a cabo por el cine, por ejemplo, siempre han mostrado estos paisajes tipológicos como una síntesis de algunos elementos definidores de la vida urbana: densidad, intensidad, relaciones, conflicto, etc.… Un buen ejemplo de esto, referido a las áreas portuarias, es una película con un título muy significativo, On the Waterfront, de Elia Kazan (1954), donde tanto Marlon Brando como el puerto de Nueva York simbolizan la asociación entre la ciudad y la base económica industrial.)

Sobre los centros históricos, las actuales especializaciones intensivas de tipo turístico y las vinculadas a la amplia galería de usos derivados del consumo cultural dejan en evidencia mecanismos de producción de paisaje en función de las lógicas económicas del turismo global. En el caso de las áreas portuarias y los frentes marítimos o fluviales se plantean procesos de especialización y tematización similares. De hecho, son éstos los territorios donde mejor se pueden observar los mecanismos de reducción de la ciudad a valor de cambio y los procesos de venta de la ciudad. En estos casos, los monocultivos se orientan igualmente hacia el ocio, el entretenimiento y la economía de las franquicias. Así, de la festivalización de la política que Venturi planteaba a comienzos de los noventa se ha llegado a la festivalizacion de la propia ciudad convertida en lugar de y para el espectáculo. Una festivalizacion que no solo se refiere a la dependencia de los eventos urbanos para asegurar la presencia en el zoco global de imágenes del que se habló antes. Además, la ciudad se espectaculariza a través de la transferencia a su espacio concreto de morfologías y elementos de diseño que históricamente habían caracterizado la producción de espacios para el ocio y el consumo. Una interesante paradoja emerge así en el espacio de la ciudad actual.
Después de un siglo en el que parques temáticos y centros comerciales o de ocio han estado imitando la morfología urbana y el tipo de experiencia que se podía vivir en la ciudad real, parece que ahora las ciudades deben recrear, simular y reproducir los escenarios urbanos previamente imitados en esos contenedores de entretenimiento y consumo. A través de este mecanismo, el espacio urbano se convierte en espacio temático, es decir, se decora a partir de un determinado tema, la mayoría de veces relacionado con el pasado de la ciudad y los estilos de vida del pasado. A través de este mecanismo, el espacio de la ciudad pasa a planearse y diseñarse siguiendo los mismos criterios y respetando las mismas reglas que históricamente han definido los espacios temáticos interiores que, desde finales del siglo XIX, fueron proliferando en la ciudad contemporánea. Una vuelta de tuerca mas, así pues, en este itinerario de simplificación progresiva de la ciudad y lo urbano.
Una ciudad hecha de lugares temáticos y objetos arquitectónicos especializados se va así expandiendo, reducida en cuanto a sus atributos y trivializada en cuanto a sus contenidos.

6. UrBANALización: los paisajes del espectáculo

De acuerdo con lo dicho, la aparición de paisajes banales (banalscapes) puede abordarse considerando las dos definiciones de espectáculo sugeridas por Guy Debord en La sociedad del espectáculo y que han inspirado muchos de los comentarios hechos hasta ahora:
En primer lugar, los banalscapes se constituyen como un vehículo para crear 'relaciones entre personas mediadas por imágenes'. De hecho, su multiplicación en las ciudades no muestra otra cosa que la prevalencia absoluta de este tipo especifico de relaciones en las que la imagen es el código común. Como se planteó antes, la extensión de los banalscapes ha sido tan importante que incluso algunos lugares urbanos muy alejados, en principio, de la esfera de lo banal, como el espacio publico, han sido colonizados y han visto reducidas sus funciones de forma que, actualmente, son el lugar privilegiado para este tipo de relaciones mediadas por la imagen.
En segundo lugar, los banalscapes constituyen una clase específica de paisaje que, a pesar de ser ofrecido a los habitantes de la ciudad, ha sido producido para servir a los intereses, requerimientos y necesidades de la economía global, por ejemplo, como algunos de los ejemplos urbanos ya mostrados, del turismo global. Esto significa que el paisaje se configura a sí mismo como 'capital acumulado hasta tal punto que se ha convertido en imagen'. Este es el mecanismo que hace que los resultados finales de la renovación urbana parezcan semejantes a pesar de estar situados en ciudades muy diferentes.

Así, el espacio urbano global no es sólo el territorio de los barrios de negocios, con sus edificios de oficinas y su arquitectura high-tech. Tampoco únicamente el paisaje financiero arquetípico de los centros urbanos especializados. Hoy forma parte de sus dominios un amplio espectro de nuevos territorios: los centros históricos, las viejas áreas industriales que experimentan procesos de renovación, o la amplia galería de espacios portuarios y frentes marítimos renovados. Pero también las áreas naturales o los entornos rurales especializados en acoger el turismo de fin de semana y que funcionan igual que los territorios anteriores como espacios a tiempo parcial

En todos estos territorios comienza a aparecer con autoridad y casi ubicua presencia una clase de paisaje urbano localmente globalizado. Un paisaje en el que la forma urbana histórica y los lenguajes formales de su arquitectura han sido manipulados para que sean fácilmente comprendidos en términos de consumo y frecuentación temporal. Un paisaje que ha sido simplemente intercambiado, esto es, convertido en valor de cambio y transformado, en ese sentido, en un paisaje banal.
Los paisajes urbanales muestran así la nueva naturaleza genérica, multiplicada y a la vez única, que caracteriza el espacio urbano actual. Una naturaleza urbana que únicamente se hace visible a través del espectáculo. Después de un siglo en el que parques temáticos y centros comerciales o de ocio han estado imitando la morfología urbana y el tipo de experiencia que se podía vivir en la ciudad real, parece que ahora las ciudades deben recrear, simular y reproducir los escenarios urbanos previamente imitados en esos contenedores de entretenimiento y consumo. A través de este mecanismo, el espacio urbano se convierte en espacio temático, es decir, se decora a partir de un determinado tema, la mayoría de veces relacionado con el pasado de la ciudad y los estilos de vida del pasado. A través de este mecanismo, el espacio de la ciudad pasa a planearse y diseñarse siguiendo los mismos criterios y respetando las mismas reglas que históricamente han definido los espacios temáticos interiores que, desde finales del siglo XIX, fueron proliferando en la ciudad contemporánea. Una vuelta de tuerca mas, así pues, en este itinerario de simplificación progresiva de la ciudad y lo urbano.

7. La urbanalizacion: 4 nuevos requerimientos urbanos

¿Cuales son entonces las claves que se manejan en esta producción de ciudad y paisaje urbano? ¿Existen algunas constantes, algunas estrategias o metodologías que puedan identificarse en el proceso de urbanalización?
Pienso que existen de hecho una serie de nuevos requerimientos urbanos que acompañan al proceso de urbanalización y que están detrás de la multiplicación de los paisajes urbanales.
La ciudad urbanal se soporta así sobre cuatro elementos cuya presencia, en dosis diferentes, mantiene el proceso de urbanalización:
La imagen como primer factor de la producción de ciudad
La necesidad de condiciones suficientes de seguridad urbana
El consumo del espacio urbano a tiempo parcial con lo que se produce el predominio de comportamientos urbanos vinculados al consumo y a la experiencia del visitante entre lugares más que a la del habitante de un lugar.
La utilización de algunos elementos morfológicos de la ciudad como el espacio público en términos de playas de ocio.

Los comentaremos brevemente uno a uno a continuación...

La imagen como primer factor de la producción de ciudad
Ya se comento antes como la imagen había cambiado su lugar en el proceso de producción de ciudad, dejando de ser algo accesorio o necesario cuando el espacio urbano ya se había transformado para convertirse en la condición sine qua non con la cual garantizar la competencia de la ciudad en el mercado global de capitales.
Hoy en día, muchos más lugares, muchas más ciudades compiten entre sí por atraer los usos económicos más beneficiosos. Y la imagen urbana es un reclamo para ello. Crear una imagen hace posible la atracción de capital que, a su vez, hará posible la transformación física del espacio. Por eso, el diseño urbano es hoy diseño de una imagen para la ciudad, una imagen reconocible, exportable y consumible por habitantes y visitantes, vecinos y turistas. Esto es, una etiqueta, una marca, lo que autores anglosajones como John Hannigan en Fantasy City o Guy Julier, en La cultura del diseño, denominan brand y que determina la brandificación de la ciudad y lo urbano. Un proceso que, llevado al extremo, no significa otra cosa que la conversión de la propia ciudad en una marca.
Es en ese sentido que se plantea una auténtica paradoja que acompaña hoy al marketing y al branding urbano: tras tres décadas buscando aparecer como diferentes a las otras, utilizando la imagen y el diseño como reclamo para resaltar lo propio especifico y resultar así atractivas a la economía global, las ciudades se muestran hoy como el más común, el más banal, de los lugares.

La necesidad de condiciones suficientes de seguridad urbana
El consumo de seguridad forma ya parte actualmente del estilo de vida urbano y, en ese sentido, muestra comportamientos y valores nuevos a tener en cuenta. En su libro Loft Living (1982), la socióloga Sharon Zukin discutía hace años los primeros procesos de gentrificación en Nueva York como dinámicas directamente asociadas a la renovación urbana y al cambio en el estilo de vida de las clases medias locales que empezaba a hacerse evidente a través de pautas de consumo nuevas: de la percepción positiva de vivir downtown al éxito de la nouvelle cuisine, pasando por las renovaciones en naves industriales y antiguos talleres que dieron lugar a los famosos lofts y que tan populares hizo el cine norteamericano de los años ochenta.
Pues bien, el creciente desarrollo de las políticas y condiciones de seguridad asociadas al diseño y el uso de la ciudad son también dinámicas directamente asociadas a cambios en el estilo de vida; sobre todo si se tiene en cuenta como el consumo se ha convertido en una fuente de identificación social. Aparece así un estilo de vida que valora la seguridad en tanto que suma de protección, defensa y vigilancia. Un estilo de vida que quiero llamar como Lock living (Muñoz, 2003) y que valora el uso de paisajes seguros donde poder ejercer el derecho al consumo sin peligro ni inquietud.
Los ambientes lock living son por definición protegidos, defendidos, bajo vigilancia y su uso es un signo de éxito económico, en unos casos, de pertenencia e identificación social, en otros. En consecuencia, el diseño de entornos seguros es un importante elemento para garantizar el valor urbano de los espacios tanto públicos como privados. Es decir, cuanto más segura sea y se presente un área urbana mejor percibida y valorada será por los visitantes o habitantes. Esto puede explicar el altísimo nivel de estandarización que tanto las políticas como los sistemas de
dinámicas directamente asociadas a cambios en el estilo de vida; sobre todo si se tiene en cuenta como el consumo se ha convertido en una fuente de identificación social. Aparece así un estilo de vida que valora la seguridad en tanto que suma de protección, defensa y vigilancia. Un estilo de vida que quiero llamar como Lock living (Muñoz, 2003) y que valora el uso de paisajes seguros donde poder ejercer el derecho al consumo sin peligro ni inquietud.
Los ambientes lock living son por definición protegidos, defendidos, bajo vigilancia y su uso es un signo de éxito económico, en unos casos, de pertenencia e identificación social, en otros. En consecuencia, el diseño de entornos seguros es un importante elemento para garantizar el valor urbano de los espacios tanto públicos como privados. Es decir, cuanto más segura sea y se presente un área urbana mejor percibida y valorada será por los visitantes o habitantes. Esto puede explicar el altísimo nivel de estandarización que tanto las políticas como los sistemas de seguridad están alcanzando actualmente en la ciudad hasta el punto de ser una constante en espacios urbanos diferentes.

El consumo del espacio urbano a tiempo parcial
De igual manera que el espacio que se habita configura una ciudad real hecha de fragmentos de territorio donde se vive, se trabaja o se visitan lugares, el sentimiento del lugar también puede definirse como una suma de fragmentos, una suma de tiempos urbanos que revelan un tipo especial de interacción entre individuo y territorio caracterizada por algunos elementos.
Esta relación individuo-espacio seria:
Independiente de límites legales o administrativos
Desconectada de las características vernáculas locales, relativas tanto al espacio físico como al social, que normalmente se consideran a la hora de definir un lugar.
Desvinculada del sustrato cultural común que, normalmente, se considera que amalgama una comunidad; y
Descomprometida respecto a los contenidos urbanos que tradicionalmente caracterizan la ciudad como un espacio para ser habitado.

En este contexto de uso temporal del territorio definido por el tiempo parcial el uso mixto que los territoriantes hacen de lugares y no-lugares, de la ciudad y el campo, de la cultura local y la global define una nueva manera de habitar el espacio metropolitano. Un ejemplo muy claro de todo lo dicho son los espacios múltiplex en continuo crecimiento. A diferencia de las salas de cine tradicionales los cines multisala, llamados múltiplex o megaplex en función de su tamaño y número de espacios de proyección, han experimentado una notable expansión en los últimos años. Los múltiplex constituyen un territorio nuevo que participa de la lógica de los flujos y se configuran, de hecho, como una parte esencial de las cartografías de la movilidad metropolitana. Son grandes atractores de desplazamientos que estiran y atraen hacia sí los arcos temporales de movilidad de los habitantes metropolitanos, que se definen cada vez más por ser habitantes entre lugares. Los espacios múltiplex dan así forma a la cartografía del ocio temporal y del fin de semana; una cartografía del consumo de espacio a tiempo parcial, hecha de lugares y momentos caracterizados por la multiplicidad y la flexibilidad; lugares y momentos múltiplex.

La utilización de algunos elementos morfológicos de la ciudad, como el espacio público, en términos de playas de ocio
La orientación hacia el consumo de la ciudad ha tenido en el espacio publico su lugar privilegiado y, en ese sentido, se han producido cambios importantes que afectan a todas aquellas definiciones previas que, desde la sociología a la arquitectura habían considerado el espacio público por contraposición al espacio privado y, en ese sentido, dotado de un carácter diferente al de los espacios habitados, construidos y bajo control de la propiedad individual. Sin embargo, los procesos de cambio en la ciudad y en la vida urbana relacionados con la urbanalización no han dejado los espacios públicos al margen de su influencia. Antes al contrario, en tanto que parte especialmente significativa de la ciudad, los espacios públicos se han visto directamente afectados por tendencias que han cambiado de manera radical su carácter, su morfología y su función. La lista de transformaciones sería amplia pero pueden agruparse en cambios que han afectado al uso del espacio público por parte de las poblaciones urbanas y transformaciones que se refieren más al papel que este tipo de lugares tienen de forma creciente en unas ciudades muy orientadas hacia las actividades de ocio, consumo y entretenimiento.
Es esta una tendencia que se confirma cuando se observa como, en algunos contextos urbanos, la diversidad propia del espacio público, es, en realidad, un elemento esencial de procesos intensivos de gentrificación y de compra-venta de ciudad que van especializando el espacio. Plazas, calles o incluso barrios enteros, con sus respectivos espacios públicos convertidos en lugares privilegiados de paso y estancia temática, ofrecen dosis de diversidad y cosmopolitanismo a partir de elementos pertenecientes al ámbito de la cultura local, muy vinculada al uso de los espacios públicos. Una secuencia de espacios, de imágenes urbanas, presentes a modo de souvenirs de diversidad cultural, dispuestos en el espacio urbano, en el espacio público, para el consumo visual y temático de los visitantes. Diversidades a la carta, mestizajes de capuccino y humus que muestran como el espacio público en las ciudades ha comenzado ya a estar compuesto por una cadena de lugares claramente configurados como nichos de espectáculo. Retomando así el concepto de Guy Debord explicado anteriormente, los espacios públicos habrían sido reducidos en su complejidad y se muestran como los lugares seleccionados para la exposición de imágenes, los lugares por excelencia donde las relaciones entre personas mediatizadas por la imagen adquieren patente de universalidad.

Los cuatro requerimientos que soportan la urbanalización muestran claramente los niveles de estandarización que lo urbanal significa para la ciudad. Los cuatro delimitan claramente cómo y cuando el uso y la apropiación de territorio tienen lugar y como es el paisaje que acoge este proceso.

Los espacios urbanos son así habitados como productos servidos en porciones, como pasa con el champú en los hoteles, los quesitos que se venden en el supermercado o las porciones de mantequilla que se sirven como entrante en los restaurantes:
“The charm of travelling is everywhere I go, tiny life. I go to the hotel, tiny soap, tiny shampoos, single-serving butter, tiny mouthwash and single-use toothbrush. Fold into the standard aeroplane seat. You're a giant. The problem is your shoulders are too big. Your Alice in Wonderland legs are all of a sudden miles so long they touch the feet of the person in front. Dinner arrives, a miniature do-it-yourself Chicken Cordon Bleu hobby kit, sort of a put-it-together project to keep you busy…. Hotel time, restaurant food. Everywhere I go, I make tiny friendships with people sitting beside me….”Chuck Palahniuk, Fight Club
Porciones de naturaleza, fragmentos de paisaje histórico servidos en dosis individuales, trocitos bien presentados y decorados de paisaje rural, etc. De acuerdo con la apropiación del espacio que caracteriza a las actuales poblaciones metropolitanas, estos territorios en porciones son mucho más imágenes previamente consumidas y apropiadas in situ que lugares propiamente dichos. Es decir, son espacios percibidos, consumidos y apropiados mucho más como un souvenir del lugar, o incluso del pasado del lugar, que no como lugares en sí mismos, en tanto en cuanto no son ya la traducción física de los requerimientos o fundamentos tradicionalmente considerados cuando se responde a la pregunta: ¿qué es un lugar? Aquellos que se refieren a la existencia de una cultura local; una comunidad de habitantes; una identidad vernácula; o una historia común compartida.
Estos son los paisajes de la urbanalización, espacios temáticos que alimentan continuamente el flujo de imágenes sin lugar propio que da forma a lo urbanal. A través de ellos, lo complejo y diferente que hace diversos lugares y territorios se vuelve comparable y estandarizado, pero, sobre todo, fácil y comprensible sin mayor esfuerzo. La urbanalización, por tanto, no significa la homogeneización de los espacios urbanos, de las ciudades, sino más bien, y por encima de todo, el dominio absoluto de lo común.




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Rem Koolhaas / ¿Qué pasó con el urbanismo?

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"what ever happened to urbanism?" (1994) tomado de S,M,L,XL OMA (con Bruce Mau)

Este siglo ha sido una batalla perdida en cuanto a la cuestión de la cantidad.
A pesar de su promesa inicial, su frecuente valentía, el urbanismo ha sido incapaz de inventar e implementar a la escala demandada por una demografía apocalíptica. En 20 años, Lagos ha crecido de 2 a 7 a 12 a 15 millones, Estambul se ha duplicado de 6 a 12. China se prepara para multiplicaciones aún más asombrosas.
¿Cómo explicar la paradoja de que el urbanismo, como profesión, ha desaparecido justo en el momento en que la urbanización en todas partes está -tras décadas de constante aceleración- en camino de establecer un "triunfo" definitivo y global sobre la condición humana?
La promesa alquimista del modernismo -transformar cantidad en calidad a través de la abstracción y la repetición- ha sido un fracaso, un engaño: magia que no funcionó. Sus ideas, estética y estrategias están liquidadas. Juntos, todos los intentos de crear un nuevo principio sólo han desacreditado la idea de un nuevo principio. Una vergüenza colectiva en el velorio de este fiasco ha dejado un cráter gigantesco en lo que entendemos como modernidad y modernización.
Lo que vuelve desconcertante y (para los arquitectos) humillante esta experiencia es la desafiante persistencia y el aparente vigor de la ciudad, a pesar del fracaso colectivo de todas las agencias que actúan sobre ella o tratan de influenciarla -creativa, logística, políticamente.
Los profesionales de la ciudad son como jugadores de ajedrez que pierden contra computadoras. Un piloto automático perverso constantemente burla todos los intentos de capturar la ciudad, agota toda ambición por definirla, ridiculiza las afirmaciones más apasionadas de su fracaso presente y su imposibilidad futura, [y] la conduce implacablemente en su vuelo hacia adelante. Cada desastre vaticinado es de algún modo absorbido bajo el manto infinito de lo urbano.

Aún mientras la apoteosis de la urbanización es deslumbrantemente obvia y matemáticamente inevitable, una cadena de acciones y posiciones de retaguardia y escapistas pospone el momento final del ajuste de cuentas para las dos profesiones antiguamente más implicadas en hacer ciudades: la arquitectura y el urbanismo. La invasiva [pervasive: impregnante, penetrante] urbanización ha modificado la misma condición urbana más allá de todo reconocimiento. "La" ciudad ya no existe más. Como el concepto de ciudad se distorsiona y estira más allá de todo precedente, cada insistencia sobre su condición primordial -en términos de imágenes, reglas, fabricación- conduce irrevocablemente a la irrelevancia vía la nostalgia.
Para los urbanistas, el tardío redescubrimiento de las virtudes de la ciudad clásica justo en el momento de su definitiva imposibilidad puede haber sido el punto de no retorno, el fatal momento de la desconexión, de la descalificación. Ahora son especialistas en dolores fantasmas: doctores discutiendo las complicaciones médicas de un miembro amputado.
La transición desde una posición previa de poder a una estación menor de humildad relativa es difícil de lograr. El descontento con la ciudad contemporánea no ha llevado al desarrollo de una alternativa creíble; por lo contrario, sólo ha inspirado maneras más refinadas de articular el descontento. Una profesión persiste en sus fantasías, su ideología, su pretensión, sus ilusiones de intervención y control. Y, por eso mismo, es incapaz de concebir nuevas modestias [modesties], intervenciones parciales, realineamientos estratégicos, posturas comprometidas que puedan influenciar, redirigir, tener éxito en términos limitados, reagrupar, incluso empezar desde cero, aunque nunca reestablezcan el control.
Porque la generación de Mayo del 68 -la más grande generación hasta hoy, atrapada en el "narcisismo colectivo de una burbuja demográfica"- está finalmente en el poder, es tentador pensar que es la responsable de la defunción del urbanismo -el estado de las cosas en el que las ciudades ya no pueden ser hechas- paradójicamente porque [esta generación] redescubrió y reinventó la ciudad.
Sous la pavé, la plage (bajo el pavimento, la playa): inicialmente, el Mayo del 68 lanzó la idea de un nuevo comienzo para la ciudad. Desde entonces, hemos estado enganchados en dos operaciones paralelas: documentar nuestro abrumador temor por la ciudad existente, desarrollando filosofías, proyectos, prototipos para una ciudad preservada y reconstruida, y, al mismo tiempo, riéndonos del campo profesional del urbanismo hasta sacarlo de existencia, desmantelándolo en nuestro desdén hacia aquellos que planificaron (y cometieron grandes errores en el planeamiento) de ciudades satélites, carreteras, edificios de altura, infraestructuras y todos los otros restos de la modernización. Tras sabotear el urbanismo, lo hemos ridiculizado hasta el punto que departamentos universitarios enteros han cerrado, estudios han quebrado, burocracias han sido despedidas o privatizadas.
Nuestra "sofisticación" esconde grandes síntomas de cobardía centrados en la simple cuestión de la toma de posiciones - tal vez la acción más básica en el hacer ciudad. Somos simultáneamente dogmáticos y evasivos. Nuestra sabiduría amalgamada puede ser fácilmente caricaturizada: según Derrida no podemos ser Totales [Whole], según Baudrillard no podemos ser Reales, según Virilio no podemos estar Allí.
"Exiliado al mundo virtual": la trama para una película de terror. Nuestra relación actual con la "crisis" de la ciudad es profundamente ambigua: todavía culpamos a otros por una situación de la que son responsables tanto nuestro incurable utopismo como nuestro desprecio. A través de nuestra relación hipócrita con el poder -despectiva, pero codiciosa- hemos desmantelado una disciplina completa, desconectándonos a nosotros mismos de lo operacional, y condenando poblaciones enteras a la imposibilidad de codificar civilizaciones en su territorio -el tema del urbanismo.
Ahora nos queda un mundo sin urbanismo, sólo arquitectura, incluso más arquitectura. La pulcritud de la arquitectura es su seducción; ella define, excluye, limita, separa del "resto" -pero también consuma. Explota y agota las potencialidades que finalmente sólo pueden ser generadas por el urbanismo, y que sólo la imaginación específica del urbanismo puede inventar y renovar.
La muerte del urbanismo -nuestro refugio en la seguridad parásita de la arquitectura- crea un desastre inminente: más y más substancia es injertada en raíces que se mueren de hambre. En nuestros momentos más permisivos, nos hemos rendido ante la estética del caos -"nuestro" caos. Pero en el sentido técnico, caos es lo que sucede cuando nada sucede, no es algo que pueda ser armado [engineered] o apropiado sistemáticamente; es algo que se infiltra; no se puede fabricar. La única relación legítima que los arquitectos pueden tener con el tema del caos es tomar su merecido lugar en el ejército de aquellos empeñados en resistírsele, y fracasar.
Si va a existir un "nuevo urbanismo" no estará basado en las fantasías gemelas del orden y la omnipotencia; será la puesta en escena de la incertidumbre. Ya no se involucrará en la disposición [arrangement] de objetos más o menos permanentes, si no en la irrigación de territorios con potencial; ya no buscará configuraciones estables sino más bien la creación de campos posibilitantes que acomoden procesos reacios a cristalizar una forma definitiva; ya no trabajará sobre la definición meticulosa, la imposición de límites, sino sobre la expansión de nociones, la denegación de límites. Ya no tratará de separar e identificar entidades, si no del descubrimiento de híbridos innombrables; ya no estará mas obsesionada con la ciudad si no con la manipulación de la infraestructura para [provocar] intensificaciones y diversificaciones, atajos y redistribuciones sin fin - la reinvención del espacio psicológico. Ya que lo urbano es ahora invasivo [pervasive], el urbanismo no será nunca más sobre lo nuevo, sólo sobre lo "más" y lo "modificado". No será sobre lo civilizado, si no sobre lo subdesarrollado.
Ya que está fuera de control, lo urbano está a punto de convertirse en un vector mayor de la imaginación. Redefinido, el urbanismo no será sólo, o mayormente, una profesión , si no una forma de pensar, una ideología: aceptar lo que existe. Estábamos construyendo castillos de arena. Ahora nadamos en el mar que se los llevó.
Para sobrevivir, el urbanismo tendrá que imaginar una nueva novedad [new newness]. Liberado de sus deberes atávicos, redefinido el urbanismo como una forma de operar sobre lo inevitable, atacará a la arquitectura, invadirá sus trincheras, la sacará de sus bastiones, debilitará sus certezas, explotará sus límites, ridiculizará sus preocupaciones por la materia y la substancia, destruirá sus tradiciones, echará con humo a sus practicantes.
El aparente fracaso de lo urbano ofrece una excepcional oportunidad, un pretexto para la frivolidad nietzcheana. Debemos imaginar otros 1001 conceptos de ciudad, debemos tomar riesgos insanos, debemos animarnos a ser absolutamente acríticos, debemos tragar profundamente y extender perdones a diestra y siniestra. La certeza del fracaso debe ser nuestro gas hilarante; la modernización nuestra más potente droga. Ya que no somos responsables, debemos volvernos irresponsables. En un paisaje de creciente expeditividad e impermanencia, el urbanismo ya no es ni tiene que ser la más solemne de nuestras decisiones; el urbanismo se puede aligerar, convertirse en una Gaya Ciencia -Urbanismo light.
¿Qué pasa si simplemente declaramos que no hay crisis- si redefinimos nuestra relación con la ciudad no como sus creadores, si no como simples sujetos, como quienes la apoyan?
Más que nunca, la ciudad es todo lo que tenemos.


Traducción y adaptación: Gustavo Crembil


Rem Koolhaas / La ciudad genérica

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I . introducción
1.1. ¿La ciudad contemporánea es como el aeropuerto contemporáneo -"todos iguales"? ¿Es posible teorizar esta convergencia? ¿Y si es así, a qué configuración final se está aspirando? La convergencia sólo es posible a costa de despojarse de la identidad. Generalmente eso se ve como una pérdida. Pero a la escala en la que ocurre, debe significar algo. ¿Cuáles son las desventajas de la identidad, y a la inversa, cuáles son las ventajas de la inexpresividad [blankness]? ¿Y si esta homogeneización aparentemente accidental -y usualmente lamentada- fuese un proceso intencional, un movimiento consciente alejándose de la diferencia hacia la semejanza? ¿Y si estamos siendo testigos de un movimiento global de liberación "¡abajo el carácter! [lo típico, lo característico]"? ¿Qué queda después de que se ha despojado de la identidad? ¿Lo Genérico?

1.2. Dado que la identidad es derivada de la sustancia física, de lo histórico, del contexto, de lo real, en cierto modo no podemos imaginarnos que algo contemporáneo -hecho por nosotros- contribuya a ella. Pero el hecho de que el crecimiento humano sea exponencial implica que el pasado en un cierto punto se volverá demasiado "pequeño" para ser habitado y compartido por aquellos [que están] vivos. Nosotros mismos lo agotamos. Hasta tanto la historia encuentre su depósito en la arquitectura, inevitablemente las cantidades humanas actuales reventarán y reducirán la substancia previa. La identidad concebida como esta forma de compartir el pasado es una propuesta destinada al fracaso: no sólo hay -en un modelo estable de continua expansión de la población- proporcionalmente cada vez menos que compartir, sino que la historia también tiene una ingrata vida a medias -como se abusa más de ella, se vuelve menos significativa- al punto que sus derogatorios panfletos se tornan insultantes. Esta disolución es exacerbada por la masa de turistas en constante aumento, una avalancha que, en una búsqueda perpetua de "carácter", va moliendo las identidades exitosas [hasta convertirlas] en un polvillo insignificante.

1.3. La identidad es como una trampa para ratones en la que más y más ratones tienen que compartir la carnada original, y que, inspeccionada más de cerca, puede haber estado vacía desde hace siglos. Cuanto más fuerte es la identidad, más encarcela, más resiste la expansión, la interpretación, la renovación, la contradicción. La identidad se vuelve como un faro -fijo, sobredeterminado: puede cambiar su posición o patrón que emite solamente a costa de desestabilizar la navegación. (París sólo puede volverse más parisina -ya está en camino de convertirse en hiper-París, una pulida caricatura. Hay excepciones: Londres -su única identidad [es] una carencia de identidad clara- está perpetuamente volviéndose aun menos Londres, más abierta, menos estática.)

1.4. La identidad centraliza; insiste en una esencia, un punto. Su tragedia se da en simples términos geométricos. Mientras la esfera de influencia se expande, el área caracterizada por el centro se vuelve más y más grande, diluyendo desesperanzadamente tanto la fuerza como la autoridad del núcleo [core]; inevitablemente, la distancia entre el centro y la circunferencia se incrementa hasta el punto de ruptura. En esta perspectiva, el reciente y tardío descubrimiento de la periferia como una zona de valor potencial -una especie de condición prehistórica que podría finalmente ser digna de la atención arquitectónica- sólo es una disimulada insistencia sobre la prioridad y dependencia del centro: sin centro, no hay periferia; el interés en el primero presumiblemente compensa por el vacío del último. Conceptualmente huérfana, la condición de la periferia empeora por el hecho de que su madre todavía está viva, robándose el show, acentuando las deficiencias de la cría. Los últimas vibraciones que emanan del exhausto centro impiden la lectura de la periferia como una masa crítica. No sólo el centro es, por definición, demasiado pequeño para realizar sus tareas [obligations] asignadas, tampoco es más el centro real sino un espejismo marchito camino a la implosión; aun así, su presencia ilusoria deniega al resto de la ciudad su legitimidad. (Manhattan denigra como "gente de puente y túnel" a aquellos que necesitan apoyo infraestructural para entrar en la ciudad, y les hace pagar por ello.) La persistencia de la actual obsesión concéntrica nos hace a todos gente de puente y túnel, ciudadanos de segunda clase en nuestra propia civilización, privados de ciudadanía [disenfranchised] por la muda coincidencia de nuestro colectivo exilio del centro.

1.5. En nuestra programación concéntrica (el autor pasó parte de su juventud en Amsterdam, la ciudad de la última centralidad) la insistencia en el centro como el núcleo del valor y el significado, fuente de toda significación, es doblemente destructiva -no sólo el volumen siempre en aumento de las dependencias es a fin de cuentas una tensión intolerable, supone también que el centro tiene que ser constantemente mantenido, es decir, modernizado. Como "el lugar más importante", paradójicamente tiene que ser, al mismo tiempo, el más viejo y el más nuevo, el más fijo [estático] y el más dinámico; soporta la adaptación más intensa y más constante, la cual luego se ve comprometida y complicada por el hecho de que tiene que ser una transformación inadvertida, invisible al ojo desnudo. (La ciudad de Zurich ha encontrado la solución más radical y costosa en la vuelta a una suerte de arqueología en reversa: capa sobre capa de nuevas modernidades [modernities] -shopping centers, estacionamientos, bancos, bóvedas, laboratorios- se construyen debajo del centro. El centro ya no se amplía hacia fuera o hacia el cielo, sino hacia el interior, hacia el centro de la tierra misma.) Del injerto de más o menos discretas arterias de tráfico, circunvalaciones, túneles subterráneos y la construcción de cada vez más tangenciales, a la transformación de rutina de viviendas en oficinas, almacenes en lofts, iglesias abandonadas en nightclubs; de las bancarrotas en serie y las subsiguientes reinauguraciones de unidades específicas en recintos de compras cada vez más costosos, a la implacable conversión del espacio utilitario en espacio "público", la peatonalización, la creación de parques nuevos, plantando, conectando [bridging], exponiendo la restauración sistemática de la mediocridad histórica, toda autenticidad es implacablemente evacuada.

1.6. La Ciudad Genérica es la ciudad liberada del cautiverio del centro, de la camisa de fuerza de la identidad. La Ciudad Genérica rompe con este destructivo ciclo de dependencia: no es nada sino un reflejo de la actual necesidad y la actual habilidad. Es la ciudad sin historia. Es suficientemente grande como para todos. Es fácil [easy]. No necesita mantenimiento. Si se torna demasiado pequeña simplemente se expande. Si se torna vieja simplemente se autodestruye y se renueva. Es interesante -o no interesante- en todas partes por igual. Es "superficial" -como un estudio de Hollywood, puede producir una nueva identidad cada lunes por la mañana.

I I. estadisticas

2.1. La Ciudad Genérica ha crecido dramáticamente durante las últimas décadas. No sólo se ha incrementado su tamaño, sus números también lo han hecho. A comienzos de los setenta fue habitada por un promedio de 2,5 millones de residentes oficiales (y mas de 500.000 no oficiales); ahora se mantiene alrededor de la marca de los 15 millones.

2.2. ¿La Ciudad Genérica comenzó en América? ¿Es tan profundamente no original [unoriginal] que sólo puede ser importada? En cualquier caso, la Ciudad Genérica ahora también existe en Asia, Europa, Australia, África. El definitivo movimiento alejándose del campo, de la agricultura, hacia la ciudad no es un movimiento hacia la ciudad como el que conocíamos: es una mudanza a la Ciudad Genérica, la ciudad tan extendida que ha llegado al campo.

2.3. Algunos continentes, como Asia, aspiran a la Ciudad Genérica; otros se avergüenzan de ella. Porque tiende hacia lo tropical -convergiendo en torno al Ecuador-, una gran proporción de las Ciudades Genéricas es asiática -aparentemente una contradicción de términos: lo sobre-familiar [over-familiar] habitado por lo inescrutable. Un día, este producto desechado de la civilización occidental será absolutamente exótico otra vez, a través de la resemantización que su misma diseminación trae en su estela.

2.4. A veces una singular ciudad vieja, como Barcelona, al sobresimplificar su identidad se vuelve Genérica. Se vuelve transparente, como un logo. Lo contrario nunca sucede... por lo menos no todavía.

I I I. general

3.1. La Ciudad Genérica es lo que queda después de que grandes secciones de la vida urbana se cruzaron en el Ciberespacio. Es un lugar de sensaciones débiles y distendidas, pocas emociones y alejadas entre sí, discreto y misterioso como un gran espacio iluminado por un velador. Comparada con la ciudad clásica, la Ciudad Genérica es sedada, percibida usualmente desde una posición sedentaria. En lugar de concentración -presencia simultánea-, en la Ciudad Genérica los "momentos" individuales están muy espaciados entre sí para crear un trance de experiencias estéticas casi inadvertibles: las variaciones de color en la iluminación fluorescente de un edificio de oficinas momentos antes de la puesta del sol, las sutilezas de los blancos ligeramente diferentes de un cartel iluminado en la noche. Como comida japonesa, las sensaciones pueden ser reconstituidas e intensificadas en la mente, o no -simplemente se pueden ignorar. (Hay una opción.) Esta carencia generalizada de urgencia e insistencia actúa como una droga potente; induce una alucinación de lo normal.

3.2. En una drástica inversión de la supuestamente mayor característica de la ciudad -"el negocio"-, la sensación dominante de la ciudad genérica es una espeluznante calma: contra más calmada, más se aproxima a su estado puro. La Ciudad Genérica alberga las maldades que estaban adscritas a la ciudad tradicional antes de que nuestro amor por ella fuera incondicional. La serenidad de la Ciudad Genérica se consigue con la eliminación del reino de lo público, como en un taladro de emergencia. El nivel urbano ahora solo acomoda movimientos necesarios, fundamentalmente en coche; las autovías son una versión superior de los bulevares y las plazas, invadiendo cada vez más espacio; su diseño, que aparentemente aboga por la eficiencia del automóvil, es de hecho sorprendentemente sensual, un simulado utilitarismo que entra en el dominio del espacio llano. Lo nuevo de la maquina en el reino de lo público es que no puede ser dimensionada. Los mismos ( digamos diez millas) trechos de camino producen un vasto número de experiencias completamente diferentes: pueden durar cinco o cuarenta minutos; pueden ser compartidos con casi nadie o con toda la población; pueden producir el placer absoluto, velocidad sin adulterar-de manera que la sensación de la Ciudad Genérica puede intensificarse o al menos densificarse- o momentos de obstrucción completamente claustrofóbico- momento en los que la delgadez de la Ciudad Genérica es más evidente-.- o momentos de obstrucción completamente claustrofóbico- momento en los que la delgadez de la Ciudad Genérica es más evidente-.

3.3. La Ciudad Genérica es fractal, una repetición sin fin del mismo módulo estructural simple; es posible reconstruirla desde su entidad más pequeña, una desktop computer [computadora de escritorio], quizá incluso desde un diskette.

3.4. Los Campos de golf son todo lo que queda de alteridad [lo otro].

3.5. La Ciudad Genérica tiene números de teléfono fáciles, no los duros ejercicios de flexión del lóbulo-frontal de diez cifras de la ciudad tradicional, sino versiones más fluidas, sus números del medio idénticos, por ejemplo.

3.6. Su atractivo principal es su anomia.

I V. aeropuerto

4.1. Como manifestaciones de recentísima centralidad, los aeropuertos están ahora entre los elementos más singulares y característicos de la Ciudad Genérica, su más fuerte vehículo de diferenciación. Tienen que albergar todas las experiencias urbanas particulares de una persona media. Como en la demostración de un perfume intenso, fotomurales, vegetación, las costumbres locales, dan una primera ráfaga de la identidad local ( a veces también la última). Lejos, confortable, exótico, polar, regional, oriental, rústico, nuevo, incluso "sin descubrir": estos son los registros emocionales solicitados. Con esta carga conceptual, los aeropuertos se convierten en signos emblemáticos impresos en el inconsciente global colectivo, con salvajes manipulaciones de sus atractores no aéreos- tiendas sin impuestos, espectaculares calidades espaciales, la frecuencia y fiabilidad de sus conexiones con otros aeropuertos. En términos de iconografía/interpretación, el aeropuerto es un concentrado de lo hiperlocal y lo hiperglobal, -hiperglobal en el sentido de que puedes obtener mercancías que no están disponibles ni en la ciudad, hiperlocal en el sentido de que puedes obtener objetos que no puedes obtener en ningún otro sitio-.

4.2. La tendencia en la percepción de los aeropuertos es hacia una autonomía cada vez mayor: a veces no están relacionados prácticamente con la Ciudad Genérica específica en la que se implantan. Aumentando de tamaño continuamente, dotados cada vez con más equipamientos no relacionados con viajar, están en vías de remplazar a la ciudad. Estar "en tránsito" se va convirtiendo en una condición universal. Todos juntos,-los aeropuertos están poblados por millones de habitantes- suman la mayor fuerza de trabajo diaria. Por lo acabado de sus equipamientos parecen como cuarteles de la Ciudad Genérica, con el interés añadido de ser sistemas herméticos sin escape posible,-excepto a otro aeropuerto-.

4.3. La fecha/edad de la Ciudad Genérica puede ser reconstruida mediante un vistazo a la geometría del aeropuerto. Planta hexagonal ( en ocasiones pentagonal u octogonal): los sesenta. Plantas y secciones ortogonales: los setenta. Ciudad collage: los ochenta. Una sección singular curva, extruída sin fin en una planta lineal: probablemente los noventa. (si la estructura está ramificada como un roble: Alemania)

4.4. Los aeropuertos vienen en dos tamaños: o demasiado grandes o demasiado pequeños. De hecho el tamaño no influye en su interpretación. Esto sugiere que el aspecto más fascinante de todas las infraestructuras es esencialmente su flexibilidad. Calculados con exactitud desde estrictos cómputos-pasajeros por año- se ven invadidos por una infinidad de personas, y sin embargo sobreviven ampliándose hasta su indeterminación.

V. población

5.1. La Ciudad Genérica es solemnemente multirracial, en porcentajes 8% negra, 12% blanca, 27% hispana, 37% china/asiática, 6% indeterminada, 10% otras. No solo multirracial, sino también multicultural. Por eso no es una sorpresa ver templos entre las losas, dragones en los bulevares principales, Budas en el CBD (distrito financiero central).

5.2. La Ciudad Genérica siempre está fundada por gente que está de viaje, lista para circular. Esto explica lo insustancial de sus cimientos. Como las escamas que se forman de repente en un liquido transparente al mezclar dos sustancias químicas, que incluso se depositan en una indeterminada cantidad en el fondo, la colisión o confluencia de dos migraciones- emigrantes cubanos hacia el norte y jubilados judíos al sur, por ejemplo, ambos últimamente en viaje hacia otro lugar- establecen un acuerdo, como caído del cielo. La Ciudad Genérica ha nacido.

VI. urbanismo

6.1. La originalidad de la Ciudad Genérica reside sencillamente en su rechazo a lo que no funciona lo que ha sobrevivido a su uso- haciendo pedazos el idealismo a golpes de realismo aceptando lo que crezca en su lugar. En ese sentido, la Ciudad Genérica alberga tanto lo primordial como lo futurista- de hecho solo estas dos cosas-. La Ciudad Genérica es todo lo que recuerda qué solía ser la ciudad. La Ciudad Genérica es la pos-ciudad que está siendo preparada en el lugar de la ex ciudad.

6.2. La Ciudad Genérica está atrapada, no por una sobredemanda en el campo de lo público progresivamente envilecido en un largo y sorprendente proceso sistemático en el que el Foro romano es al Agora griega, lo que el centro comercial a la Calle Mayor- sino por lo residual. En el modelo original de los modernos, lo residual era simplemente verde, su controlada pulcritud era una afirmación moral cargada de buenas intenciones, en una asociación descorazonadora. En la Ciudad Genérica, debido a que la pátina de su Civilización es tan delgada, y a través de su inmanente tropicalidad, lo vegetal se transforma en un residuo edénico, en el principal portador de su identidad: un híbrido de política y paisaje. Al mismo tiempo es el refugio para lo ilegal, lo incontrolable, y sujeto a una manipulación sin fin. Representa un triunfo simultaneo de la manicura y de lo primitivo. Su inmoral exuberancia compensa otras carencias de la Ciudad Genérica. Totalmente inorgánico, lo orgánico es el mayor mito de la Ciudad Genérica.

6.3. La Calle ha muerto. Este descubrimiento ha coincidido con un frenético intento por resucitarla. El arte público está en todas partes como si dos muertes produjeran una vida-. La Peatonalización- intentando protegerla- simplemente canaliza el flujo de esos condenados a destruir con sus pies el objeto de su intencionada veneración.

6.4. La Ciudad Genérica está en trance de pasar de horizontal a vertical. El rascacielos aparenta ser la tipología final y definitiva. Se ha tragado todo lo demás. Puede existir en cualquier sitio: en un arrozal o en el downtown -ya no tiene la menor importancia-. Las torres ya no se encuentran juntas, se separan de manera que ya no interactúan. La densidad en soledad es el ideal.

6.5. El Alojamiento no es un problema. Ha sido completamente resuelto o totalmente dejado al azar; en el primer caso es legal, en el segundo "ilegal"; en el primer caso torres, o normalmente manzanas cerradas (la mayoría de 15 metros de profundidad), en el segundo caso (en perfecta complementareidad) una extensa capa de chabolas. Una de las soluciones consume el cielo, la otra el suelo. Es extraño que los que tienen menos dinero habiten el producto más caro y confortable el suelo-; y aquellos que pagan habiten lo que es gratis -el aire-. En ambos casos, las viviendas demuestran amoldarse muy bien- no sólo lo hace la población que se duplica cada tantos años, con el debilitado apoyo de las diferentes religiones, sino también la reducción de la media de ocupantes por vivienda a causa de divorcios y otro tipo de fenómenos que dividen familias- con la misma frecuencia con la que la ciudad duplica su población; al mismo tiempo que los números aumentan, la densidad de la Ciudad Genérica está en perpetua disminución.

6.6. Todas las ciudades genéricas derivan de la Tábula Rasa; si no había nada, ahora están allí; si había algo, ahora lo han remplazado. Deben hacerlo, ya que de otra manera serían históricas.

6.7. El paisaje urbano de la ciudad genérica es normalmente una amalgama de secciones demasiado ordenadas que datan del principio de su desarrollo, cuando el "poder" aún estaba sin diluir- y crecientes pactos en cualquier otro sitio.

6.8. La Ciudad Genérica es la apoteosis del concepto de opción múltiple: voces cruzadas en una antología de todas las opciones. Normalmente la Ciudad Genérica ha sido "planificada", no en el sentido usual de algun tipo de organización burocrática controlando su desarrollo, sino como si reiteradamente varios gérmenes, o legiones de semillas, cayeran al suelo arbitrariamente igual que en la naturaleza, arraigaran -explotando la fertilidad natural del terreno- y ahora formasen un conjunto: un gen arbitrario que a veces produce sorprendentes resultados.

6.9. El trazado de la ciudad puede que sea indescifrable, defectuoso, pero eso no significa que no haya códigos; se debe simplemente a que nosotros desarrollamos una nueva ignorancia, una nueva ceguera. Un análisis paciente revela los temas, las partículas, trenzas que se pueden aislar de la aparente tristeza de esta oda Wagneriana -sopa: notas dejadas en una pizarra por un genio que nos visitó hace cincuenta años, informes de la ONU esparcidos desintegrándose en su silo de cristal en Manhattan, descubrimientos de antiguos pensadores coloniales con gran agudeza visual, impredecibles rebotes de las acciones de los adiestrados urbanistas, aunando esfuerzos en un proceso global de maquillaje.

6.10. La mejor definición de la estética de la Ciudad Genérica es el "estilo libre". ¿Cómo describirlo? Imagina un espacio abierto, un claro en el bosque, una ciudad allanada. Hay tres elementos: carreteras, edificios y naturaleza; coexisten mediante relaciones flexibles, aparentemente sin razón, en una espectacular diversidad organizativa. Alguno de los tres podría dominar: a veces la carretera se ha perdido -para ser encontrada después de incomprensibles rodeos-; otras no ves edificios, sólo naturaleza; entonces, igualmente impredecible, acabas rodeado sólo por edificios. En escalofriantes momentos, los tres elementos desaparecen. En esos "lugares" (de hecho, ¿qué es lo opuesto a un lugar? Agujeros taladrados a través del concepto de ciudad) el arte público emerge aseado como el Monstruo del Lago Ness, a partes iguales figurativo y abstracto.

6.11. Las ciudades específicas todavía debaten seriamente los errores de los arquitectos por ejemplo, sus propuestas de crear redes peatonales elevadas con tentáculos que van de un bloque hasta el de al lado como una solución a la congestión- pero la Ciudad Genérica simplemente disfruta de los beneficios de sus invenciones: muelles, puentes, túneles, autopistas -una enorme proliferación de la parafernalia de la conexión- frecuentemente tapizadas con helechos y flores como para evitar el pecado original, creando una congestión vegetal más severa que una película de ciencia-ficción de los cincuenta.

6.12. Las carreteras son sólo para los coches. La gente (peatones) es conducida (como en un parque de atracciones), por "paseos" que los llevan hasta el suelo, luego son sometidos a un catálogo de condiciones extremas -viento, calor, rampas, frío, interior, exterior, olores, humo- en una secuencia que es una caricatura grotesca de la vida en la ciudad histórica.

6.13. Hay horizontalidad en la Ciudad Genérica, pero está en trance de desaparecer. Consiste tanto en historia Tudor que aún no se ha borrado, como en enclaves que se multiplican alrededor del centro, emblemas de preservación nuevamente acuñados.

6.14. Irónicamente, aunque ella misma sea nueva, la Ciudad Genérica se rodea de una constelación de Nuevas Ciudades: las Nuevas Ciudades son como anillos de Ciudades son como anillos de crecimiento. De algún modo las Nuevas Ciudades envejecen muy rápidamente, de la misma manera que un niño de cinco años con envejecimiento prematuro, desarrolla artritis en las muñecas por culpa de una enfermedad llamada progeria.

6.15. La Ciudad Genérica representa la muerte definitiva del planeamiento. ¿Por qué? No porque no esté planificada -de hecho enormes universos complementarios de burócratas y desarrollistas encauzan inimaginables corrientes de energía y dinero en su terminación-; por el mismo dinero, sus páramos pueden ser fertilizados con diamantes, sus barrizales pavimentados con lingotes de oro... Pero su más peligroso y estimulante descubrimiento es que el planeamiento no marca la diferencia en cualquier caso. Los edificios podrán estar bien situados ( una torre junto a una estación de metro) o mal( centros enteros a kilómetros de cualquier carretera). Florecerán o perecerán impredeciblemente. Las redes llegan a estar sobresaturadas, envejecidas, podridas, obsoletas; las poblaciones se duplican, triplican, cuadruplican, de repente desaparecen. La superficie de la ciudad explota, la economía se acelera, se frena, estalla, colapsa. Como embriones titánicos amamantados por sus nodrizas, ciudades enteras surgen sobre infraestructuras coloniales de las que los opresores perdieron los mapas de ruta. Nadie sabe dónde, cómo, desde cuándo se usan los vertederos, la localización exacta de las líneas de teléfono, cuál fue la razón de la posición del centro, dónde terminan los ejes monumentales. Es la prueba de que hay infinitos márgenes ocultos, colosales reservas de negligencia, un perpetuo proceso orgánico de ajuste, un modelo de comportamiento; las expectativas cambian con la inteligencia biológica del instinto animal alerta. En esta apoteosis de la opción múltiple no será posible nunca más volver a reconstruir causa y efecto. Funciona -eso es todo-.

6.16. La aspiración de la Ciudad Genérica hacia la tropicalidad implica automáticamente el rechazo a cualquier referencia anacrónica de la ciudad como fortaleza, como ciudadela.

V I I. política

7.1. La Ciudad Genérica tiene una( a veces distante) relación con un régimen más o menos autoritario -local o nacional-. Normalmente los compinches del líder -quienquiera que fuese- decidían desarrollar una pieza del centro o de la periferia, o incluso fundar una nueva ciudad en medio de la nada, y provocar así el estallido que ponía la ciudad en el mapa.

7.2. A menudo el régimen ha desarrollado un grado sorprendente de invisibilidad, como si, a través de esa gran permisividad, la Ciudad Genérica resistiera lo dictatorial.

V I I I. sociología

8.1. Resulta sorprendente que el triunfo de la Ciudad Genérica no haya coincidido con el de la sociología -una disciplina cuyo campo se ha extendido por la Ciudad Genérica desde su imaginario más salvaje. La Ciudad Genérica es sociología, aconteciendo. Cada Ciudad Genérica es un recipiente hermético de laboratorio para cultivos biológicos, o una pizarra de paciencia infinita en la que casi ninguna hipótesis puede ser "probada" y luego borrada, sin retornar a las mentes de sus autores o de la audiencia.

8.2 Claramente hay una proliferación de comunidades -un zapping sociológico- que resiste una interpretación descalificadora. La Ciudad Genérica es también tenazmente resistente a la especulación: prueba que la sociología científica puede ser el peor sistema para capturar sociología en acción. Desacredita juicios preestablecidos. Aporta enormes evidencias por y hasta en cantidades impresionantes- contra cada hipótesis. En la torre A los pisos conducen al suicidio, en la B a la felicidad de por vida. En la C son vistos como un primer peldaño hacia la emancipación( presumiblemente bajo alguna clase de compulsión invisible, no obstante), en D simplemente como un tránsito. Construido en inimaginables números en K, están siendo explotados en L. La creatividad es inexplicablemente alta en E, inexistente en F. G parece un mosaico étnico, H constantemente a merced del separatismo, si no al borde de una guerra civil. El modelo Y no perdurará por su intromisión en la estructura familiar, pero Z florecerá,una palabra no académica podrá aplicarse siempre a cualquier actividad en la Ciudad Genérica; esa es una de las hipótesis que se han eliminado por adelantado.

I X. cuadrantes

9.1. Siempre hay un departamento hipócrita, donde se preserva un mínimo del pasado. Normalmente hay un viejo tren/tranvía o un autobús de dos pisos recorriéndolo, haciendo sonar proféticas campanas -versiones domesticadas del Holandés Errante. Sus cabinas telefónicas son también rojas y transplantadas de Londres, o equipadas con pequeños tejados chinos. Hipocresía-también llamada Idea nostálgica, Rompeolas, Demasiado Tarde, Calle 42, simplemente el Pueblo, o incluso el metro- en una elaborada y ficticia operación: celebran el pasado como sólo lo puede hacer lo recientemente concebido. Es una máquina.

9.2. La Ciudad Genérica tuvo alguna vez un pasado. Al encuentro de su destino, de una u otra manera se desgajaron grandes trozos, al principio sin lamentos -el pasado era sorprendentemente aséptico, incluso peligroso- entonces, sin previo aviso, el alivio se convirtió en arrepentimiento. Ciertos profetas -pelo blanco y largo, calcetines grises, sandalias- han advertido siempre que el pasado era necesario -un recurso-. Lentamente, la máquina de la destrucción devasta hasta decretar una tregua: algunas cabañas en el pulcro plano Euclidiano son salvadas, restauradas hasta tener un esplendor que nunca habían tenido.

9.3. A pesar de su ausencia, la historia es la mayor preocupación de la Ciudad Genérica, incluso su industria. En los suelos liberados, alrededor de las cabañas restauradas, todavía se construyen hoteles para recibir a turistas adicionales en proporción directa al borrado del pasado. Su desaparición no tiene influencia en los números, o quizás es sólo precipitación de última hora. El turismo es ahora independiente del destino...

9.4. En vez de memorias específicas, las asociaciones que moviliza la Ciudad Genérica son memorias generales, memorias de memorias: si no todas las memorias al mismo tiempo, al menos una memoria abstracta, tocada, un interminable déjà vu, memoria genérica.

9.5. A pesar de su modesta presencia física ( la construcción hipócrita nunca tiene más de tres plantas: ¿un homenaje a/contra Jane Jacobs?) condensa el pasado entero en un único conjunto. La historia vuelve no como una farsa, sino como un servicio: buhoneros enchaquetados (sombreros graciosos, pechos descubiertos, velos) que voluntariamente establecen las condiciones ( esclavitud, tiranía, enfermedad, pobreza, colonia)- por las que una vez su nación hizo la guerra para abolirla. Como un virus contumaz, en todo el mundo lo colonial parece la única fuente inagotable de lo auténtico.

9.6. La calle 42: ostensiblemente son los lugares donde el pasado está protegido, son actualmente los lugares donde el pasado ha sufrido más cambios, está más lejos -como visto desde el extremo equivocado de un telescopio- incluso completamente eliminado.

9.7. Sólo el recuerdo de los excesos anteriores es lo suficientemente fuerte como para acusar el golpe bajo. A medida que intentan calentarse con el calor de un volcán extinguido, los lugares más populares (con turistas, y en la Ciudad Genérica incluye a todo el mundo) fueron una vez los asociados más directos del sexo y el hampa. Los ingenuos invaden las antiguas guaridas de chulos, prostitutas, buscavidas, travestidos, y en menor grado, de artistas. Paradójicamente, al mismo tiempo la autopista de la información permite domiciliar pornografía de camioneros en las salas de estar, como si la experiencia de andar sobre esas brasas de trasgresión y pecado les hiciera sentir especiales, vivos. En una era que no genera aura nueva, el valor del aura establecida se dispara hasta el cielo. ¿Caminar sobre estas cenizas será lo más cerca de la culpa que llegarán? ¿Existencialismo diluido a la intensidad de un agua Perrier ?

9.8. Cada Ciudad Genérica tiene un Rompeolas, no necesariamente de agua -puede ser de desierto, por ejemplo- pero al menos un borde donde se encuentra con otra condición, como si una posición de escape cercano fuera la mejor garantía para su disfrute. Aquí los turistas se congregan en manadas alrededor de un grupo de tenderetes. Hordas de buhoneros tratan de venderles aspectos "exclusivos" de la ciudad. Las únicas partes de todas las Ciudades Genéricas juntas han creado un souvenir universal, un híbrido científico entre la Torre Eiffel, Sacre Coeur, y la Estatua de la Libertad: un edificio alto (de entre 200 y 300 metros) ahogado en una pequeña bola de agua con nieve o, si está cerca del Ecuador, copos de oro; diarios con irónicas pastas de cuero; sandalias hippies- incluso si los hippies reales han sido repatriados con celeridad. Los turistas acarician esto -nadie ha presenciado nunca una rebaja- y entonces se sientan en exóticos comederos próximos al rompeolas: allí degustan toda las gamas de comidas: picante; en principio y a fin de cuentas, quizás sea más fehaciente la indicación de que proviene de cualquier sitio; empanadas: de carne o sintéticas; cruda: atávica costumbre que llegará a ser muy popular en el tercer milenio.

9.9. Las gambas, lo último en aperitivos. A través de la simplificación de la cadena alimenticia -y de las vicisitudes de su preparación- saben a magdalenas inglesas, es decir, a nada.

X. programa

10.1. Las oficinas siguen allí, de hecho en mayor número que nunca. La gente dice que ya no se necesitan. En cinco o diez años todos trabajaremos en casa. Pero entonces necesitaremos casas mayores, lo suficientemente grandes como para albergar un mitin. Las oficinas tendrán que ser convertidas en hogares.

10.2. La única actividad es comprar. Pero ¿por qué no considerar las compras como algo temporal, provisional? Se avecinan tiempos mejores. Es nuestro propio error -no pensamos en nada mejor que hacer-. Los mismos espacios invadidos por otros programas- librerías, baños, universidades-. Será tremendo, estaremos impresionados por su grandeza.

10.3. Los hoteles se están convirtiendo en el alojamiento genérico de la Ciudad Genérica, su edificio más común. Antes solía ser la oficina- que al menos implicaba un ir y venir-, asumida la presencia de otros alojamientos en cualquier otro lugar. Los hoteles son ahora contenedores que, en la expansión y en la perfección de sus equipamientos, hacen a casi todos los edificios redundantes. Incluso doblándose como los centros comerciales, son lo más parecido que tenemos a la existencia urbana; el estilo del siglo XXI.

10.4. El hotel ahora implica cautiverio, arresto domiciliario voluntario; no hay otro lugar donde ir que le haga la competencia; vienes y te quedas. Acumulativamente se describe una ciudad de diez millones de habitantes encerrados en sus habitaciones, una especie de animación marcha atrás- cargados a reventar.

X I . . arquitectura

11.1. Cierra los ojos e imagina una explosión de color beige. En su epicentro salpica el color de unos pliegues vaginales excitados, berenjena metálico-mate, tabaco kaki, calabaza cenicienta; una caravana de testigos nupciales...

11.2. Hay edificios interesantes y aburridos en la Ciudad Genérica, como en todas las ciudades. Todos señalan a Mies van der Rohe como su antecedente: la primera categoría a su torre irregular en Friedrichstadt( 1921), la segunda a las cajas que concibió no mucho después. Esta secuencia es importante: obviamente, tras una experimentación inicial, Mies perdió el interés, aburriéndose. Lo mejor, sus últimos edificios, capturan el espíritu de sus primeros trabajos -¿depurados, reprimidos?- Como una ausencia, más o menos notable, nunca volvió a proponer proyectos "interesantes". La Ciudad Genérica prueba que estaba equivocado: sus arquitectos más osados han retomado el desafío que Mies abandonó, hasta el punto que ahora es difícil encontrar una caja. Irónicamente, este exuberante homenaje al interesante Mies muestra que "el" Mies estaba equivocado. osados han retomado el desafío que Mies abandonó, hasta el punto que ahora es difícil encontrar una caja. Irónicamente, este exuberante homenaje al interesante Mies muestra que "el" Mies estaba equivocado.

11.3. La arquitectura de la Ciudad Genérica es hermosa por definición. Construida a una increíble velocidad, y concebida a un ritmo aún mas increíble, hay una media de 27 versiones desechadas por cada una realizada, pero esto no es lo realmente significativo. Se elabora en las diez mil oficinas de arquitectura de las que nadie ha oído hablar, cada una de ellas vibrantes y con una fresca inspiración . Presumiblemente más modestos que los de sus colegas mas conocidos, estos estudios están vinculados a través de una conciencia colectiva que les indica que hay algo erróneo en la arquitectura, y que sólo mediante sus esfuerzos puede ser rectificado. La fuerza de los números les da una espléndida y reluciente arrogancia. Diseñan sin vacilación. Ensamblan, con mil y una referencias y salvaje precisión, más riqueza de la que un genio pueda reunir nunca. Como media su educación ha costado 30.000 dólares, excluyendo gastos de transporte. Un 23% ha sido prestigiado en las universidades de la American Ivy League, expuestos -admitidos por cortos periodos- a la elite bien remunerada, los profesionales "oficiales". La consecuencia es que una inversión total combinada de 300 billones de dólares ($300.000.000.000) coste estimado de la educación en las escuelas de arquitectura ($30.000 (como media)x 100 (media de trabajadores por oficina)x 100.000 (numero de oficinas transnacionales)) está trabajando y produciendo Ciudades Genéricas todo el tiempo.

11.4. Los edificios con formas complejas dependen de la industria del muro cortina, o de los cada vez mas efectivos adhesivos y sellantes que convierten cada edificio en una mezcla de camisa de fuerza y cámara de oxigeno. El uso de la silicona -"estamos estirando las fachadas tanto como den de sí"- ha reducido el espesor de todas las fachadas, vidrio pegado a piedra, acero u hormigón, en una impureza de la era espacial. Estos encuentros dan la sensación de rigor intelectual a través de la aplicación libre de compuestos de esperma transparentes que mantienen todo junto más por finalidad que por diseño -el triunfo del pegamento sobre la integridad de los materiales-. Como todo en la Ciudad Genérica, su arquitectura es lo resistente hecho maleable, una plaga no tanto por la aplicación de principios sino por la sistemática utilización de lo que no está legislado.

11.5. Ya que la Ciudad Genérica es fundamentalmente asiática, su arquitectura está habitualmente acondicionada climáticamente; aquí es donde la paradoja de esta reciente y paradigmática desviación se agudiza (la ciudad ya nunca más significará el máximo desarrollo sino el subdesarrollo de sus fronteras); un significado brutal por el que el acondicionamiento universal es obtenido miméticamente en el interior de los edificios a pesar de las condiciones climatológicas del exterior -tormentas repentinas, remolinos de aire, ráfagas frías en la cafetería, olas de calor, incluso neblina-; un provincianismo de lo mecánico, abandonado por la materia gris en beneficio de "lo electrónico". ¿Incompetencia o imaginación?

11.6. La ironía es que de esta manera la Ciudad Genérica es aún más subversiva, aún mas ideológica; eleva la mediocridad al máximo rango; es como el "Merzbau" de Kurtz Schwitter a la escala de la ciudad: la Ciudad Genérica es una Merz-city.

11.7. El ángulo que forman las fachadas es el único indicio fiable de genialidad arquitectónica: tres puntos por inclinarse hacia atrás, doce por inclinarse hacia delante, dos de penalización por los retranqueos (demasiado nostálgico).

11.8. La aparente solidez de la sustancia de la Ciudad Genérica es engañosa. El 51% de su volumen es atrio. El atrio es un mecanismo diabólico por su habilidad para justificar lo insustancial. Su nombre romano es una garantía de clase arquitectónica -su origen histórico convierte el tema en inagotable-Reafirma al cavernícola en su implacable provisión de confort metropolitano.

11.9. El atrio es un espacio vacío: los vacíos son los edificios esenciales de la Ciudad Genérica. Paradójicamente, su porosidad asegura su presencia física, el hinchado de su volumen es el único pretexto para su manifestación física. Cuanto más completos y repetitivos son sus interiores, menos se percibe su repetición de lo esencial.

11.10. El estilo a elegir es el Posmodernismo, y siempre será así. El Posmodernismo es el único movimiento que ha tenido éxito al conectar la práctica arquitectónica con la práctica del terror. El Posmodernismo no es una doctrina basada en la lectura altamente civilizada de la historia de la arquitectura, sino un método, una mutación en la arquitectura profesional que produce resultados lo suficientemente rápidos como para mantener el ritmo que exige el desarrollo de la Ciudad Genérica. En lugar de conciencia, como sus inventores originales esperaban, creó una nueva inconsciencia. Es una pequeña ayuda para la modernización. Cualquiera puede hacerlo -un rascacielos basado en una pagoda y/o en un pueblo de las colinas toscanas-.

11.11. Toda resistencia al Posmodernismo en antidemocrática. Crea un sigiloso envoltorio alrededor de la arquitectura que lo hace irresistible, como un regalo navideño de la beneficencia.

11.12.¿Hay alguna conexión entre el predominio de los espejos en la Ciudad Genérica -¿es para celebrar la nada con su multiplicación o es un desesperado esfuerzo para capturar las esencias en su proceso de evaporación?- y los presentes que, desde hace siglos, suponían ser los regalos mas efectivos para los salvajes?

11.13. Máximo Gorky habla en relación a Coney Island como de un "aburrimiento variado". Claramente piensa en el término como en un oxímoron. La variedad no puede ser aburrida. Pero la continua variedad de la Ciudad Genérica al menos nos ayuda a percibir la variedad como algo habitual: banalizada, en una inversión de expectativas, su repetición se ha convertido en anormal, y por tanto, potencialmente atrevida, estimulante. Pero eso será en el siglo XXI.

X I I . geografía

12.1. La Ciudad Genérica tiene generalmente un clima más cálido; está camino del sur -hacía el Ecuador- lejos de la confusión que produjo el norte en el último milenio. Es un concepto en estado de migración. Su último destino es ser tropical -mejor clima, gente guapa-. Está habitada por aquellos a los que no les gusta estar en otro lugar.

12.2. En la Ciudad Genérica, la gente no solo es mas atractiva que sus semejantes, sino que se supone que tienen aún mejor temperamento, menos obsesionada con el trabajo, menos hostil, más amable. En otras palabras, es la prueba de que hay una conexión entre arquitectura y comportamiento, que la ciudad puede hacer mejores personas incluso a través de métodos sin identificar.

12.3. Una de las características mas potentes de la Ciudad Genérica es la estabilidad de su clima -no hay estaciones, predicen tiempo soleado- aunque todos los informes meteorológicos se nos presentan en términos de cambio inminente y probable empeoramiento: nubes en Karachi. Desde la ética y la religión el tema del destino se ha elevado hasta el inexplicable dominio de lo meteorológico. El mal tiempo parece ser la única ansiedad que se cierne sobre la Ciudad Genérica.

X I I I . identidad

13.1 Hay una calculada redundancia en la iconografía que adopta la Ciudad Genérica. Si está frente al mar, los símbolos marinos están distribuidos por todo su territorio. Si es un puerto, los barcos y las grúas también aparecerán muy tierra adentro. (De todos modos enseñar los propios contenedores no tendría sentido: no puedes particularizar lo genérico a través de lo Genérico) Si es Asiático, entonces delicadas (sensuales, inescrutables) mujeres aparecerán en elásticas poses, sugiriendo (religiosa y sexualmente) la sumisión en cualquier sitio. Si tiene montañas, cada folleto, menú, ticket, anuncio, insistirá en el monte, como si sólo una tautología sin costura fuera conveniente. Su identidad es como un mantra.

X I V . historia

14.1. Lamentar la ausencia de historia es un reflejo aburrido. Supone un consenso no escrito por el que la presencia de historia es deseable.¿Pero quien dice que este sea el caso? Una ciudad es un plano habitado de la manera mas eficiente por gentes y procesos, y en la mayoría de los casos, la presencia de la historia lastra su realización...

14.2 Actualmente la historia obstruye la pura explotación de sus valores teóricos como ausencia.

14.3. A través de la historia de la humanidad -para escribir un capitulo aparte the American Way- las ciudades han crecido mediante un proceso de consolidación. Los cambios se hacen sobre la marcha. Las cosas se improvisan. Las culturas florecen, decaen, reviven, desaparecen, son saqueadas, invadidas, humilladas, violadas, triunfan, renacen, tienen edades de oro, caen de repente silenciosamente -todo en el mismo sitio-. Por eso la Arqueología es una profesión de excavadores: muestra capa tras capa de civilizaciones (por ejemplo, la ciudad). La Ciudad Genérica, como un croquis mal elaborado, no está mejorada sino abandonada. La idea de estratificación, intensificación y finalización son desconocidas para ella: no tiene capas. Su próxima capa aparecerá en otro lugar, tal vez en la puerta de al lado -que puede tener el tamaño de un estado- o incluso en algún sitio más, todo junto. El arqueólogo (igual a arqueología más interpretación) del siglo XX necesita innumerables billetes de avión y no una pala.

14.4 Al exportar/expulsar sus mejoras, la Ciudad Genérica perpetúa su propia amnesia (¿su único vinculo con la eternidad?). Su arqueología será por tanto la evidencia del paulatino olvido, el documento de su evaporación. Su genio tiene las manos vacías (no como el emperador sin ropa, sino como el arqueólogo sin hallazgos, sin ni siquiera un sitio).

X V. infraestructuras

15.1 Las infraestructuras, que mutuamente se reforzaron y totalizaron, se están convirtiendo en más y más competitivas y locales; no pretenden crear conjuntos funcionales sino entidades funcionales revueltas (spin off). En vez de una red y un organismo, la nueva infraestructura crea enclaves y callejones sin salida: el grand récit y lo parasitario no se desvían. (La ciudad de Bangkok ha aprobado planes para tres sistemas de metro aerotransportados que competían para llegar de A hasta B; el más fuerte ganará.)

15.2. La infraestructura ya no es una mayor o menor responsabilidad delegada por una necesidad más o menos urgente, sino un arma estratégica, una predicción: el puerto X no se amplía para servir a la demanda de consumistas frenéticos sino para matar/reducir las oportunidades de que el puerto Y pueda sobrevivir al siglo XXI. En una misma isla, a la metrópolis del sur Z, aún en su infancia, se la dota de un nuevo sistema de metro que haga parecer a la arraigada metrópolis W, torpe, congestionada, un antepasado. La vida en V se ha suavizado para hacer eventualmente insoportable la vida en U.

X V I. cultura

16.1. Sólo cuenta lo redundante.

16.2. En cada huso horario hay al menos tres actuaciones de Cats. El mundo está rodeado por un anillo de Saturno de maullidos.

16.3. La ciudad solía ser el gran escenario de caza sexual. La Ciudad Genérica es como una agencia de citas: encaja eficientemente las provisiones con la demanda. Orgasmo en vez de agonía: hay progreso. Las más obscenas posibilidades (oportunidades) se anuncian en la más limpia tipografía: la helvética (swiss) se ha convertido en pornográfica.

X V I I. end

17.1. Imagina una película de Holywood sobre la Biblia. Una ciudad en alguna parte de la Tierra Prometida. Escena del Mercado: de izquierda a derecha extras caracterizados con harapos de colores, pieles, albornoces de seda, entran en escena gritando, gesticulando, con los ojos vueltos, provocando peleas, riendo, rascándose las barbas, mechones de pelo untados con pegamento, agolpándose hacia el centro de la imagen ondeando palos, puños, volcando butacas, pisoteando animales... La gente grita. ¿Vendiendo mercancías? ¿Adivinando el futuro? ¿Invocando dioses? Se roban bolsos, los criminales son perseguidos (¿o son ayudados?) por las multitudes. Los curas rezan por la calma. Los niños enloquecen entre la maleza de piernas y albornoces. Los animales ladran. Las estatuas se caen. Las mujeres chillan -¿amenazadas?¿extasiadas?-.La masa batida se hace oceánica. Las olas rompen. Ahora quita el volumen -silencio, un alivio bienvenido- e invierte la película. Los ahora mudos pero aún visibles hombres y mujeres agitados se tambalean hacia atrás: el observador no sólo ve personas, sino que empieza a notar espacios entre ellos. El centro se vacía: las últimas sombras evacuan el rectángulo del cuadro de la imagen, probablemente lamentándose, pero afortunadamente nosotros no las oímos. El silencio ahora se refuerza por el vacío: la imagen muestra butacas vacías, algunos restos que fueron pisoteados. Auxilio... se acabó. Esa es la historia de la ciudad. La ciudad ya no es. Podemos irnos ya de la sala de cine...

Michael Janoschka / De ciudades dispersas a ciudades perforadas

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de Disperse to perforated cities: morphological consequences of a new fase of demographic transition

I. Introducción: la implosión de las ciudades - un nuevo fenómeno
Pocos de los principios básicos del urbanismo se ubican como “leyes” fuera de la discusión coyuntural de los expertos. Por ejemplo, desde el principio de la revolución industrial, no cabe duda que las ciudades y las áreas metropolitanas, están siguiendo un proceso expansivo. La inercia expansiva de las áreas metropolitanas se aprecia, por ejemplo debido a procesos como la suburbanización, la de]concentración de población o la transformación de áreas residenciales en usos terciarios. Incluso podemos destacar algunos casos ejemplares de crisis urbana como los de la cuna de la industrialización, Manchester o Detroit en EE.UU., donde los procesos de transformación económica han dejado huellas en la estructura urbana. Pero lo tomamos como un caso único que no cambia las pautas generales del modelo urbano. Y este modelo, a pesar de todas las crisis económicas, se orientaba y sigue orientándose hacia el modelo expansivo de una sociedad en crecimiento tanto en el campo urbano como lo económico. El crecimiento de la economía como punto de referencia, el crecimiento de población como parte de la teoría económica neoclásica y el crecimiento de las urbes como fenómeno espacial visible son una pauta tan profundamente internalizada que la mayoría de los investigadores, economistas o mismo los actores en el campo de la intervención urbana ni siquiera la cuestionamos: “Las Ciudades crecen y se expanden” se afirma al unísono. Cabe mencionar que a principios del siglo XXI, se pueden observar cada vez más ciudades - no solo europeas- donde se ha producido la inversión de la tradicional dicotomía entre la reducida oferta de viviendas en el mercado y la creciente demanda por parte de los hogares. Existen regiones enteras donde las viviendas en la ciudadregión en su total ya no son un bien escaso. En este sentido cabe mencionar que la constante presión de alza en los precios de la vivienda también se ha parado. Más bien al revés, una cantidad cada vez más numerosa de urbes se enfrenta al nuevo problema que consta en que los actores del mercado inmobiliario, es decir las empresas inmobiliarias, no logran vender ni alquilar su producto básico, el stock existente de viviendas. Si tomamos solamente el ejemplo de Alemania oriental, podemos observar no menos de 1.300.000 (¡!) de viviendas desocupadas, lo cual equivale acerca de la quinta parte del stock. Un stock vacío de tal magnitud en un país donde la mayoría de las viviendas se encuentran en régimen de alquiler, pone en peligro la existencia de importantes empresas inmobiliarias. Debido a que el caso alemán destaca por su fuerte influencia estatal en el mercado de la vivienda, no sorprende la rápida reacción del estado. Desde el año 2002, un programa de cofinanciación federal]regional invierte y subsidia con un total de 2.700 millones de euros la destrucción de viviendas que ni hoy ni en un futuro previsible se necesitarán. Por lo tanto cabe preguntarse acerca de las transformaciones urbanaregionales que han ocurrido en este caso en particular. En este sentido, Alemania oriental es un ejemplo para la situación a la que se enfrentan varias regiones europeas en la actualidad. Debido a las previsiones demográficas, la mayor parte de los países europeos vivirá una situación parecida a lo largo de la primera mitad del siglo XXI. Si analizamos los efectos espacio]morfológicos de estos procesos de gestión estatal, podemos ver que la ciudad dispersa está siendo transformada de un modo novedoso: Las estrategias y los procesos de destrucción masiva, desde edificios sueltos hasta barrios enteros que desaparecen del mapa, extraen y destruyen pedazos de la ciudad con un sistema que podemos conceptuar con la noción de “perforación” – en tanto se sacan edificios e incluso barrios enteros del medio urbano como si se estuviese trabajando una hoja de papel con un perforador. Otra noción que aparece en la actual discusión urbanística es la del “cráter urbano”. En la figura 1 se elabora la abstracción conceptual de los procesos que se observan en la ciudad perforada a partir de los efectos morfológicos iniciados por la actuación estatal. En este artículo se discutirá si los procesos observados en Alemania Oriental son un caso único, es decir algo (sub)regional, donde una región en depresión económica permanente sufre los procesos y las consecuencias de un caso históricamente único. Para poder responder esta cuestión, es necesario analizar los factores que determinan el desarrollo y el crecimiento de las áreas metropolitanas. En este sentido, se efectuará a posteriori un análisis del desarrollo de aspectos básicos del campo de la demografía, la migración, la móvilidad y la transformación económica. Dicho análisis se concentrará geográficamente en América Latina, haciendo énfasis en el Cono Sur y en Europa. En un segundo apartado se discutirán las consecuencias que sufren las regiones metropolitanas en un proceso de de]crecimiento frente a la creciente competencia nacional, internacional y global de las ciudades.

I I . El análisis de los factores de expansión urbana: ¿qué se está cambiando en la configuración metropolitana?

En los debates acerca de la expansión urbana es posible observar que un número importante de autores sigue refiriéndose a estadísticas unidimensionales para demostrar procesos de crecimiento urbano. Por ejemplo, la cifra de habitantes – obtenida a través de censos de población o padrones municipales – sigue siendo un número básico para explicar fenómenos de transformación a nivel metropolitano tanto en esferas sociales como económicas. Pero cabe señalar que este aspecto no es
suficiente para explicar el crecimiento y no debería ser la única variable a tener en cuenta. La cifra de población básicamente no tiene correlación con la extensión metropolitana (Sieverts 2001). Según un análisis multivariable es necesario examinar diferentes parámetros para sacar conclusiones consistentes en cuanto a la cuestión de la expansión metropolitana. En este texto, se hace énfasis en cuatro factores básicos que interfieren en la cifra de hogares (y no de población) en una ciudad]región, los cuales a su vez están interrelacionados. Por un lado, se pueden destacar los procesos demográficos y gran parte de los procesos migratorios que forman parte de una escala exclusivamente supraregional. En este sentido es necesario analizar las políticas nacionales y procesos globales, como por ejemplo, las transformaciones de estilos de vida que influyen en la fecundidad. Por otra parte, existen factores “regionales”, en concreto la movilidad intraurbana y las transformaciones económicas del sistema urbano]regional. A continuación, se procederá a analizar los cuatro factores mencionados.
I I I. La transición demográfica: procesos recientes en América Latina y Europa

El concepto de transición demográfica se basa en los estudios de Thompson (1929), quien por primera vez analizó los procesos demográficos que se habían dado en los países del hemisferio norte desde el comienzo de la industrialización. En los tiempos
de la posguerra, autores como Mackenroth (1953) o Mackensen y Wewer (1973) difundieron el modelo de transición demográfica el cual se centra en observaciones empíricas de los países del primer mundo. La discusión acerca del modelo de transición de mográfica se basa en el principio de que cada sociedad pasará desde un estado inicial con altas tasas de mortalidad y fecundidad a un nivel pos]transición con bajas tasas de mortalidad y fecundidad. Varios autores han subdividido el proceso en un total de cuatro o cinco fases (Haggett 1991, Bähr et. al 1992). El punto de partida es un bajo crecimiento de la población debido a las altas tasas de
mortalidad y fecundidad (> 30‰). El punto final también es un crecimiento mínimo, pero con las dos tasas a nivel reducido (~ 10‰). El crecimiento poblacional se reduce en las fases intermedias cuando se abre la brecha entre las dos tasas debido a las mejoras en el sistema de salud. Refiriéndose a este modelo, los países en vías de desarrollo atraviesan actualmente la última fase citada.
Este modelo ha sido fuertemente criticado. Por un lado, cabe señalar que implica un pensamiento que argumenta desde la teoría de modernización y el desarrollismo: Se postula una interconexión entre los variables de mortalidad, fecundidad, desarrollo económico y grado de urbanización. Desde un punto de vista actual, no parece posible establecer estas relaciones directas. Tal modelo implica que la baja fecundidad es una característica de los países de mayor desarrollo. A su vez, cabe mencionar que desde un punto de vista moral esta conexión es fruto de un pensamiento nacido en la época del poscolonialismo (Sokoll 2000). Los procesos demográficos experimentados en los países industrializados no pueden ser postulados como un modelo de futuro desarrollo para el mundo entero. Un factor importante que ha transformado los procesos demográficos es la difusión y el acceso a nuevos métodos anticonceptivos a partir de los mediados de la década del 1960.

También los procesos de diferenciación social y de estilos de vida, la inserción al mercado laboral como el acceso libre a estudios superiores conllevan un cambio del rol femenino. Estos aspectos tienen un impacto distinto acorde con las circunstancias
de cada sociedad y el papel de intervención que toma el estado. De esta manera es extremadamente difícil explicar las diferencias en la disposición generativa exclusivamente a través del mero desarrollo económico de una sociedad frente a otra. Tal afirmación se puede justificar con el ejemplo de Canadá y China, países en los que pese a las enormes diferencias en el desarrollo económico, se pueden observar cifras demográficas clave muy similares. En resumen, se experimenta una creciente diversificación de los aspectos demográficos tradicionales que se debe en parte a nuevos factores no considerados en los modelos de transición demográfica de Thompson. Podemos ver que en algunos países africanos la epidemia de SIDA no sólo ha frenado el crecimiento poblacional sino que está mermando la población de forma drástica (por ejemplo en Botswana). En muchos países europeos, el gran número de personas mayores conlleva un aumento de la tasa de mortalidad. A su vez, la fecundidad sigue siendo muy baja y está permanente por debajo de la tasa de reproducción (promedio de 2,1 hijos por mujer). Según los datos actuales y las proyecciones más recientes podemos afirmar que la reducción de la población por razones demográficas es un reto importante para muchas sociedades – y no solamente para algunas naciones de mayor desarrollo económico.

El citado modelo de transición demográfica tiene una ventaja importante frente a las cifras: diferencia y procesa los acontecimientos demográficos en diferentes países de manera ejemplar, sintética y a su vez en diferentes momentos históricos. De esta razón deriva la necesidad de rediseñar este modelo de acuerdo con las transformaciones y diferenciaciones mencionadas. En este sentido, el modelo presentado aquí no se basa en previsiones para las transformaciones demográficas sino en una caracterización de los actuales acontecimientos y una clasificación de diferentes grupos de países o regiones. Resulta necesario el cuestionar las bases
teóricas de algunas de las proyecciones poblacionales que elaboran organizaciones como las Naciones Unidas y que postulan una convergencia de la fecundidad a nivel mundial para el año 2050 (CEPAL 2004). Por esta razón y apoyándose en el análisis histórico de los datos (DSW 2003, Birg 1995, Hinz 2003), los procesos de transición demográfica se dividen en cinco grupos:
1. Países con un crecimiento demográfico fuerte (gran parte de África, sur de Asia, países del medio oriente, América central)
2. Países con una mortalidad en aumento y crecimiento reducido/reducción demográfica (las regiones más perjudicadas por la epidemia de SIDA)
3. Países con la fecundidad en proceso de reducción, crecimiento demográfico más lento, pero estable (gran parte de América del Sur)
4. Países con la fecundidad reducida y un crecimiento demográfico mínimo/estancamiento demográfico (América del Norte, algunos países del Caribe, Asia oriental, Francia y los países nórdicos)
5. Países con una tasa de fecundidad baja, mortalidad en aumento y una reducción demográfica de la población (Rusia y gran parte de Europa, especialmente marcado en Europa Oriental)

Si analizamos los procesos demográficos en los países latinoamericanos y europeos más a fondo, se pueden hacer las siguientes observaciones:
1|. Existen algunos países latinoamericanos que forman parte del primer grupo, los países en fuerte expansión demográfica. En este grupo podemos congregar casi todos de los países centroamericanos y a su vez Paraguay, Bolivia y la Guayana francesa. El crecimiento demográfico supera el dos por ciento anual y la fecundidad total por mujer supera los 3,5 hijos. Estas elevadas tasas de
crecimiento se traducen en un desafío central para la regulación de la expansión urbana y metropolitana por el mero crecimiento elevado de población. A su vez y contrario de lo previsto en la teoría de transición demográfica, hay algunos países como Bolivia o Haití donde la fertilidad está aumentando a partir de principios de la década de 1990 de vuelta (Chackiel 2004).
2|. La mayor parte de los países sudamericanos y también Costa Rica forman parte del grupo de naciones, donde a pesar de que se haya reducido la fecundidad, sigue siendo por encima del nivel reproductivo. Según las previsiones, no bajará por debajo de esa línea en un futuro mediano. Debido a que hay un alto porcentaje de personas en edad de reproducción, estos países países viven un proceso de elevada expansión poblacional a pesar de la reducción de la fecundidad total (Rodríguez 2003).
3|. Algunas de las islas del Caribe (e.g. Cuba, Martinique, Trinidad y Tobago) y también Uruguay se enfrentan a una situación de transición que se parece a los procesos en Europa del Norte y Francia. El crecimiento poblacional es de moderado a mínimo, mientras la fecundidad total por mujer ha caído por debajo del nivel de reproducción. En el caso cubano, este fenómeno ya ha ocurrido hace más de dos décadas. Si tomamos el status]quo como base de una previsión, estos países dejarán de contar con un crecimiento demográfico en algún momento de las próximas dos décadas y entrarán en una fase de reducción poblacional.
4|. En los países europeos podemos observar unas tasas de natalidad muy bajas y a su vez tasas de mortalidad en leve aumento. Ningún país supera el nivel promedio de 1,5 hijos por mujer, cifra que se haya bien por debajo de la tasa de reproducción natural (2,1). Algunos países como España o Italia oscilan entre 1,2 y 1,3, valores que solamente son rebajado en países de Europa del Este como la Ucrania (1,0) o República Checa (1,15). Debido a los procesos demográficos descriptos, en España se observa que el saldo demográfico se está acercando al valor de cero. En muchos países ya está negativo y la pérdida de habitantes por razones demográficas se acentúa cada año más fuertemente. Para dar solo un ejemplo, Alemania pierde cerca de un cuarto millón de habitantes anualmente por el déficit en la natalidad (EUROSTAT 2003).

A este panorama es necesario añadir la relación entre población y hogares. Asimismo en Europa y América Latina (salvo en Haití y Bolivia) se puede observar que el crecimiento del número de hogares es mayor al crecimiento poblacional. Esto influye marcadamente en la estructura de la demanda de vivienda (Arriagada 2003). Incluso en la mayoría de los países europeos el número de hogares sigue creciendo pese al estancamiento demográfico, descendiendo por lo tanto el número de habitantes por vivienda.

I V . Procesos migratorios y movilidad interurbana en América Latina y Europa

Cabe señalar que los procesos demográficos son solo uno entre los muchos factores que influyen en la expansión metropolitana. En consecuencia, el próximo factor de análisis es la migración en sus diferentes formas (e.g. emigración, inmigración, migración campo-ciudad, movilidad interurbana). Estos procesos de reagrupación de población dentro del territorio son un factor decisivo para determinar la forma y envergadura de la expansión o implosión metropolitana.

América Latina
El crecimiento urbano y la metropolización en América Latina ha sido debida a lo largo de la mayor parte del siglo XX a la superposición de diferentes procesos migratorios, reforzando el crecimiento natural de la población. Básicamente se puden diferenciar tres fases distintas:1|. La fase de inmigración internacional (europea) de principios del siglo (primordialmente en el Cono Sur y el sur de Brasil, cfr. Baeninger 2002).
2|. La fase de migración interna del campo a la ciudad a partir de 1940. Las tasas anuales de crecimiento del 6,5% en ciudades como São Paulo o Bogotá demuestran el rápido proceso de urbanización en el continente entero (cfr. Bähr 2003). Hoy en día, la tasa de urbanización promedio ha superado el 75 % y supera el nivel de los países europeos.
3|. Iniciándose en los años 1970, la fase actual se caracteriza por una caída relativa de la migración campo-ciudad, primordialmente en zonas donde la tasa de urbanización es muy alta. La emigración del campo sigue siendo un factor importante en regiones rurales pero ha dejado gran repercusión a nivel de las grandes ciudades. Los únicos países que difieren de este comportamiento son Bolivia y Panamá (Rodríguez 2004). En los demás países, la movilidad interurbana e intraurbana ha empezado a cobrar mayor importancia. Las ciudades intermedias o de segundo rango obtienen tasas de crecimiento mucho mayor que las ciudades con mayor primacía. Los procesos de migración actual han cambiado también de manera significativa de género; Mientras la migración campo-ciudad era predominantemente femenina, los procesos de migración interurbana son marcadamente masculinos (Rodríguez 2004). Paralelamente se puede observar que las ciudades de mayor tamaño en cada país como la Ciudad de México, Río de Janeiro, Santiago de Chile o San José de Costa Rica, tienen un saldo migratorio negativo (Rodríguez 2004, Feldbauer, Mar Velasco y Parnreiter 1997). La mayor pérdida se concentra en el área metropolitana de São Paulo, que registró una emigración neta de apróximadamente 50.000 habitantes anuales en el quinquenio 1995-2000. Solamente algunas ciudades centroamericanas como Managua o Panamá y también Quito cuentan todavía con cifras migratorias positivas. En resumen, una parte importante de la migración actual no se dirige a las ciudades mayores sino hacia regiones y ciudades que son polos de desarrollo o de colonización como en el caso de México los estados de la Baja California o Quintana Roo (Rodríguez 2004).

Frente a este panorama, es importante mencionar que los movimientos internacionales han vuelto a influir sustancialmente en la presión expansiva de las regiones metropolitanas. Especialmente algunos países centroamericanos y algunos países andinos se han transformado en países de emigración masiva, mayoritariamente con destino a EE.UU. o la Unión Europea (concentrando el 80 % de la emigración total; más de 17 millones de personas). En algunos países, la sexta parte de la población vive afuera del territorio nacional. En concreto, España se muestra como polo de atracción para emigrantes latinoamericanos (R. Martínez 2003, Riol y Janoschka 2004). Pero también México, Belice y Costa Rica son destinos interesantes para población centroamericana. Cerca del 10% de la población costaricense y más del 15% en Belice son extranjeros de los países vecinos. Procesos parecidos se dan en Chile y Argentina, paises que atraen especialmente a inmigrantes bolivianos, peruanos o ecuatorianos (Martínez 2003b, Pellegrino 2003). Durante la década de 1990, dos tercios de esa población se instaló en el Área Metropolitana de Santiago (Martínez 2003a). En toda América Latina se puede afirmar que los movimientos migratorios actuales afectan a las urbes de distinta manera e intensidad a como fue hace algunas décadas. El crecimiento debido a la movilidad interurbana y la migración campo-ciudad se concentra básicamente en ciudades intermedias y pequeñas. Por otro, las emigraciones internacionales inducen una tendencia hacia la reducción de la presión expansiva de muchas ciudades grandes que pierden población que se va al extranjero. Otras urbes acceleran su proceso de metropolización al ser receptoras de la inmigración internacional.
Europa
Europa (UE 25) también vive una fase de creciente diversidad en el panorama migratorio; se han multiplicado las motivaciones, los itinerarios y los destinos de los inmigrantes internacionales. El único factor que une a la Unión Europea es la presión migratoria desde los países no]comunitarios. Podemos observar tendencias tradicionales como el flujo de inmigrantes entre Turquía y Alemania/Holanda o asimismo el flujo entre Marruecos y Francia. A su vez se ha observado un contingente cada vez más diverso de los países de Europa Oriental. En los últimos años, se ha visto la repercusión de los nuevos inmigrantes no]comunitarios que más que dirigirse hacia los países tradicionales de inmigración, eligen como destino los países mediterráneos. El análisis de los datos del año 2002 muestra una participación de casi la mitad del total de la inmigración europea entre España, Italia, Portugal y Grecia. Concretamente, España se ha transformado en el país con la mayor intensidad de inmigración en toda Europa ya que desde 2001 la cifra de inmigración neta oscila entre 0,8 y 0,9 por ciento de la población total (EUROSTAT 2003). Dentro de los territorios nacionales existe un reparto poco homogéneo de la población extranjera. Los inmigrantes se concentran en las ciudades más grandes y en regiones con mayor nivel de inovación. En los mercados regionales de vivienda se hace sentir el factor de la inmigración dentro del proceso de expansión urbana. Primordialmente esto se debe a que son las ciudades de Italia o España las que acogen a los migrantes internacionales. Ciudades como Madrid o Barcelona se encuentran frente a un crecimiento de la cifra de extranjeros que supera la capacidad de integración. A su vez, esto se ve acompañado por una tranformación estructural en lo que es la étnia de los inmigrantes, con valores de alta de africanos y especialmente latinoamericanos. El porcentaje de extranjeros en las principales ciudades de España ha llegado a 15% y se acerca a valores quese alcanzaron hace décadas en muchas ciudades de la UE debido a su mayor trayectoria de migración (Janoschka 2005). Sin embargo, si analizamos la situación en los países de inmigración tradicional como Francia, Holanda o Alemania, podemos observar una reducción del flujo migratorio. Estos países siguen teniendo un saldo migratorio positivo con el exterior, pero de manera reducida en comparación con los valores de hace una década. En Alemania, por ejemplo, existe un flujo neto de alrededor de 160.000 personas por año. La mayor parte se concentra en Alemania occidental, mientras los estados federales de Alemania oriental solamente tienen un pequeño saldo positivo de migración internacional. Por el momento, el fuerte fenómeno de inmigración tal como se registró a principios de la década del 1990 por la repatriación de habitantes de origen alemán en Europa Oriental, ha terminado.

Más allá del análisis de los procesos de migración internacional, es necesario hace énfasis en los procesos de movilidad interna. Los estudios migratorios suelen dejar este proceso de lado, sobre todo porque no causa ningun tipo de necesidad de integración cultural por parte de los migrantes (Janoschka y Reboratti 2001). Pero no cabe duda de que en la mayoría de los casos, los procesos migratorios interregionales tienen una intensidad mayor que la migración internacional. A nivel europeo, el aumento de disparidades entre regiones repercute en una creciente intensidad de la migración interregional. Regiones como Castilla]León o el Burgenland en Austria, que cuentan con una desconexión funcional en las redes metropolitanas, pierden sutancialmente habitantes. A la vez, existen procesos de emigración desde regiones industrializadas de generaciones anteriores. En este sentido, cabe mencionar la franja fronteriza entre Francia y Bélgica, la región fronteriza entre Francia y Alemania (región del Sarre), casi la totalidad de Alemania Oriental y partes extensas de Polonia, Ucrania, Eslovaquia o Croatia. Estas regiones se encuentran fuera de las redes de alta conectividad y carecen de mercado extenso u otras ventajas comparativas. A pesar de las políticas estatales de recompensación y promoción industrial, las citadas zonas no son capaces de atraer capitales de inversión. Son regiones donde se superponen los procesos de pérdida poblacional por medio de los procesos demográficos y la pérdida por emigración neta. En el caso de Alemania Oriental, la pérdida de población supera con creces la cifra de un millón de personas.

V . Movilidad intraurbana y uso creciente de suelo per cápita: suburbanización, suburbanización y suburbanización

La suburbanización es una pauta central de desarrollo urbano con gran capacidad de transformación espacial en todo el mundo. Las inercias a nivel mundial se han acercado fuertemente con la difusión de modelos urbanos y económicos que se basan en una mayor integración económica. A pesar de eso, parece importante diferenciar los procesos regionalmente entre los casos de América Latina, Europa Mediterránea (España) y Eruopa Central (Alemania).

América Latina
En los últimos veinte años se ha producido una transformación exacerbada en los suburbios de las mayores ciudades latinoamericanas. El mundo suburbano tradicional y “sub-urbano” (e.g. trazado irregular, carencia de infraestructura, clases
populares) se ha modificado a través de la instalación masiva de fragmentos “modernos”: Parques empresariales, centros comerciales, urbanizaciones cerradas e infraestructura relacionada (cfr. Janoschka 2002a, Parnreiter 2004). Como resultado se puede observar un espacio suburbano altamente fragmentado y una dispersión masiva de elementos celulares, dirigidos hacia adentro (cfr. Janoschka 2002b, Janoschka y Borsdorf 2005, Fig. 3). El crecimiento espectacular del espacio construido conlleva una reducción de la densidad. Por otro lado, se puede observar la ausencia de conexión entre la trama urbana tradicional y los nuevos elementos.

Europa mediterránea
Los procesos desde la década de 1980 son parecidos en los países de la Europa mediterránea. Si tomamos el “prototipo” de la “ciudad española” como ejemplo, ésta puede caracterizarse por tener un origen de “ciudad compacta”con una creciente transformación hacia a un paisaje suburbano. La dinámica de suburbanización es muy alta; en este sentido, cabe señalar la doble inercia que no solo pasa por la necesidad de la construcción de nueva vivienda sino también por la demanda de vivienda secundaria (de fín de semana o de veraneo). Por estas razones, el litoral mediterráneo se desarrolla en términos de ciudad en forma de cinta. En el caso de la periferia de Madrid, cabe señalar que la creciente presión en el mercado inmobiliario hace surgir espacios suburbanos que se caracterizan por ser cada vez más densos (casas unifamiliares adosadas en terrenos apenas mayores a la superficie de la casa) y construcciones de vivienda en altura que se deben a los altos valores del suelo urbanizable.

Europa central
El caso de Europa Central es así mismo distinto. En los países occidentales, la inerncia de suburbanización tiene ya medio siglo. Sin embargo, los nuevos países de la Unión Europea del antiguo bloque soviético empiezan a conocer el fenómeno de suburbanización tras la caída del régimen socialista, debido a la liberalización de los mercados inmobiliarios hace 15 años. Aquí, la inercia del proceso de suburbanización es todavía marcadamente más alta que en los antiguos miembros de la UE. Los antiguos miembros de la Unión Europea ya están entrando en una fase de renovación del medio suburbano.
V I . La transición de usos del suelo: transformación industrial y terciarización

Más allá de los usos residenciales, cabe señalar también una creciente demanda de suelo urbano por usos productivos y de servicios. La reestructuración industrial conlleva una reducción de la plantilla de personal en las fábricas (salvo en el caso de las fábricas maquiladoras). Sin embargo, este proceso no está acompañado de una reducción del espacio utilizado. Al contrario, los polígonos y las naves industriales ocupan y urbanizan cada vez más espacio por la organización horizontal de la producción dentro de la fábrica. A la vez, numerosos espacios industriales obsoletos y ubicados en lugares centricos del tejido urbano dejan áreas sin uso que se pueden characterizar como “cráteres”. Por otro lado, se deben añadir los servicios urbanos (por ejemplo tareas de I+D, servicios terciarios productivos) en expansión. También las superficies de comercio y de ocio en ubicaciones cada vez más periféricas conllevan un crecimiento urbano. Destaca la creación de parques temáticos y de ocio que reflejan el cambio social. El proceso de autodefinición va acompañado por la diferenciación de las formas de consumo, bien sea a través de compras o por medio de la gama de actividades lúdicas que se ofrecen en los parques temáticos. Como ejemplos de este fenómeno están los parques de ocio (e.g. Port Aventura, Tarragona; Terra Mítica, Alicante), centros de diversión (Heron City en Estocolmo, Madrid, Barcelona y Valencia) o pistas de esquí artificiales en paisajes completamente no aptos para tales actividades (por ejemplo el Parque Xanadú, Madrid; Alpincenter Bottrop, cuenca del Ruhr, Alemania). Dichos parques requieren un excesivo uso espacial y un elevado consumo energético.
V I I . la repercusión espacial de los factores expansivos: tres tipos urbanos

El análisis de los cuatro factores presentados conlleva la siguiente clasificación de ciudades europeas y latinoamericanas. Existen tres tipos de ciudades cuyos problemas y retos difieren claramente:
1. la Ciudad en fuerte proceso de expansión: La totalidad de los cuatro factores analizados son positivos y en algunos casos fuertemente positivos. A pesar de las diferencias nacionales, esta situación se presenta en casi toda América Latina. El crecimiento urbano es y seguirá siendo fuerte y la totalidad de la metodología de intervención urbana tradicional es necesaria. En la mayoría de las ciudades que integran este tipo urbano, las marcadas presiones expansivas siguen vigentes y la sociedad en crecimiento sigue siendo el actual modelo urbano y social. A diferencia con fases anteriores, el crecimiento actual ya ha dejado de ser explosivo y deja a la esfera política un rango de posibilidades de intervención urbana y regional. En este sentido, la situación se distingue claramente de la acontecida en décadas anteriores con un patrón de crecimiento tan fuerte que la intervención estratégica era un fin casi imposible de alcanzar.
2. la ciudad en moderada expansión: A este modelo responde la mayor parte de las ciudades europeas cuyo crecimiento no es primordialmente fruto de la expansión demográfica. El crecimiento moderado del tejido urbano se ve acompañado de una creciente dispersión de la población y de las instalaciones urbanas de producción, de servicio y de ocio. Cabe señalar que el principio básico es el fuerte aumento de uso espacial por residente, un factor que visto desde muchos puntos de vista es alarmante; La aparición de mayores grados de dispersión causan no solo efectos de degradación ambiental y costes ecológicos mayores. A su vez y desde un punto de vista económico, causan la necesidad de mantener una infraestructura más costosa por parte de los servicios básicos, igual que estos sean estatales o privados, promoviendo así un nivel de mayor contaminación.
3. la ciudad en proceso de reducción (Shrinking): El tercer tipo de ciudad es la ciudad en retroceso, en reducción, en perforación como morfológicamente presentado a principio de este artículo (Fig. 1). Actualmente y a diferencia con los dos tipos anteriores, la ciudad perforada todavía es algo escaso. La causa básica que origina este fenómeno es la superposición de los procesos de deindustrialización, de-crecimiento demográfico, pérdida de habitantes por migración y falta de poder adquisitivo para aumentar la demanda de viviendas. Las urbes que se ubican fuera del umbral de importancia a nivel internacional, cuentan con una reducción poblacional que supera las posibilidades de reacción por parte del mercado inmobiliario. Pero el Shrinking de las ciudades y la caída poblacional no significa directamente una reducción del espacio urbano utilizado; no se frena el proceso de suburbanización. Las viviendas en ubicaciones centrales dentro del casco urbano compacto son los sitios de mayor vacío. Los procesos centrífugos siguen en vigor y se ven reforzados debido a la estigmatización de áreas con mayores problemas de marketing.
V I I . Reflexiones finales - reacciones estatales frente a la aguda crisis urbana

A partir del análisis efectuado es posible extraer algunas conclusiones importantes para el desarrollo urbano tanto en América Latina como en Europa. Por un lado, es clave el destacar que las diferencias entre las condiciones urbanas en los dos continentes no sólo están marcadas por los problemas de sus respectivas sociedades sino que presentan características cada vez más diversas, e incluso opuestas. En un principio se puede afirmar que históricamente muchos problemas de las urbes europeas se han trasladado antes o después también a América Latina. Actualmente, Europa entra en una fase de desarrollo urbano que presenta nuevas pautas desconocidas en el mismo entorno europeo y mundial. Nuestros sistemas políticos, sociales y económicos basan en la certeza del crecimiento a todos niveles. Y es exactamente esta certeza que empieza a cuestionarse en algunos puntos de Europa.
Los procesos de reducción demográfica acompañados por una saturación del mercado de vivienda no se darán ni a largo plazo en las ciudades latinoamericanas. El problema básico de las áreas metropolitanas de América Latina es la intensa y creciente demanda de vivienda no satisfecha.

La situación en muchos países europeos a su vez está marcada por la (última) ola de demanda de vivienda por parte de la generación del baby boom de la década de los 1960/70. En ausencia de regulación e intervención estatal, el mercado actualmente no logra ofrecer este producto. Por otro, la novedosa aparición del proceso de Shrinking urbano cambia el mercado residencial en muchas sociedades del continente. El caso descrito de Alemania oriental no es único; Procesos parecidos se pueden observar en muchos sitios europeos. Incluso se pueden citar algunos casos latinoamericanos; como el ejemplo de Potosí, cuyo casco urbano quedó estancado durante décadas y siglos. Potosí refleja el destino de muchas ciudades mineras o de explotación de petróleo. El cierre (parcial) de las instalaciones técnicas conlleva la aparición de cráteres en la ciudad.

Más allá de este caso especial, se pueden observar cientos de ciudades a nivel mundial cuyas pérdidas poblacionales son masivas. Por ejemplo, ciudades secundarias de Europa oriental cuya base económica se desplomó con la caída del sistema socialista. A nivel urbano, destacan ciudades como Ivanovo (Rusia). Pero el proceso se puede extender a estados enteros como se demuestra a través del caso de Bulgaria. La avanzada transición demográfica y procesos migratorios a nivel internacional han reducido la población en casi 20% en solo dos décadas. Parece lógico que dicha pérdida de población se refleje en las ciudades búlgaras. Otro procesos similares han tenido lugar en zonas que no han sufrido un cambio en el sistema político]estatal. Casos como Manchester, Boston o Bilbao demuestran que una pérdida de la base industrial lleva a la aparición de cráteres urbanos. Estos casos paradigmáticos de crisis urbana que datan de la década de 1970 han sido la base de políticas de reactivación y de reconstrucción urbana. Políticas de reactivación que se basan en el principio de incentivar e iniciar nuevo crecimiento a partir de actuaciones urbanísticas. Dicha estrategia debe incentivar una mayor demanda de superficie que hace desaparecer estos cráteres urbanos de largo plazo. A diferencia con la citada estrategia, el caso de Alemania oriental es paradigmático y crea una nueva situación. Por primera vez, se accepta que la reducción urbana es permanente. No solo se paralizó el crecimiento urbano sino que incluso se llegó a la situación inversa: la destrucción urbana y la perforación de las ciudades. Los urbanistas están convencido que los cráteres no se pueden rellenar con nuevas funciones. El corsé de la ciudad es demasiado grande. La política intervencionista del Estado alemán tiene como meta la destrucción urbana, lo cual resulta novedoso. No se trata de una ciudad aislada ni de una región solitaria, sino de un territorio en el que habitan 18 millones de personas. El programa estatal para demoler viviendas de manera masiva y sin que fueran focos de criminalidad exorbitante como en algunas zonas en Francia o el Reino Unido, ha despertado el interés de varios colectivos entre ellos el de urbanistas y arquitectos por las meras actuaciones. Desde que se inició el programa, Alemania se enfrenta a un constante debate acerca del modelo urbano que se puede diseñar a través de la perforación y la extracción de partes del tejido urbano. Los ayuntamientos de las ciudades en proceso de reducción poblacional se tienen que enfrentar una serie de problemas colaterales (desde la pérdida de ingresos fiscales hasta el cierre de establecimientos culturales y los problemas con la infraestructura técnica sobredimensionada). A pesar de la dureza de cambiar un principio básico del urbanismo tradicional, el largo proceso de perforación de las ciudades está visto no solo como una pérdida. En los densos centros urbanos se pueden generar espacios abiertos que incrementan la calidad de vida. Pero hace falta cambiar el punto de vista. Desde el nivel político, no se debería entender la reducción poblacional como una pérdida o como consecuencia de errores pasados. Es una nueva etapa que da grandes posibilidades a nuestras ciudades. Desde este punto de vista, la mencionada ley urbana de “Ciudades crecen” podría estar reemplazada por el nuevo paradigma que se utiliza actualmente en alguna de las estrategias que se están
siguiendo. La estrategia central tanto para la perforación urbana europea como la reconstrucción de nuestro territorio, podría llevarse a cabo siguiendo una perspectiva más ecológicas y definirse con el slogan: “Menos es más”.

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sábado 7 de junio de 2008

Robert Geddes / La Metrópolis desbordada

la dispersión de la ciudad americana y la búsqueda de alternativas

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Una forma nueva de asentamientos humanos ha emergido en el siglo veinte, radicalmente diferente de la forma de las ciudades del pasado. La ciudad se ha convertido en una ciudad-región. El crecimiento demográfico de las ciudades-región norteamericanas es rebasado dramáticamente por su crecimiento geográfico. En las dos décadas comprendidas entre 1970 y 1990, la región de Nueva York tuvo un modesto crecimiento poblacional de 8 por ciento, pero tuvo un crecimiento explosivo de 65 por ciento en su área construída. Mientras Chicago creció 4 por ciento en población, su área urbanizada se incrementó en 46 por ciento. Aún los lugares que declinaban en población expandían simultáneamente su área urbana; Cleveland, por ejemplo, tuvo una disminución de su población en 8 por ciento, al tiempo que se expandía geográficamente en un 33 por ciento. Este ciclo de crecimiento urbano es similar en todo el país. Las ciudades-región se desbordan a su alrededor a tasas de crecimiento que son de ocho a diez veces superiores a sus incrementos de población. Lo nuevo no es el tamaño de las ciudades, sino el cambio en su forma. La Ciudad de Nueva York, por ejemplo, solía tener una forma concéntrica que rodeaba a Manhattan de manera parecida a los anillos de crecimiento de un árbol. Así parecía cuando la Asociación del Plan Regional de Nueva York, una asociación civil, publicó su primer plan hace 60 años. El Tercer Plan Regional publicado en 1996, sin embargo, describe una ciudad-región con una población de 20 millones de gente, que se extiende 150 millas (aproximadamente 241 kms.) y cubre 13,000 millas cuadradas (aproximadamente 33, 670 kms2); ahora su forma se parece a una flor con pétalos radiales en cinco subregiones pertenecientes a tres estados. Con el título alarmante de Una Región en Riesgo (A Region at Risk), el plan regional advierte sobre los daños de la gran dispersión para la economía, el ambiente, la actividad social, y la calidad de la vida cotidiana de Nueva York. “Más rápido de que la gente se de cuenta,” escriben los autores, Robert Yaro y Tony Hiss, “las súper-regiones metropolitanas de gran tamaño - áreas de cientos de millas de ancho congestionadas con una densa mezcla de ciudades viejas, suburbios en expansión, corredores de nuevas ciudades, y antiguas tierras de cultivo y de monte— están emergiendo no sólo como un lugar ya familiar sino como un nuevo hogar para la humanidad.” Las consecuencias cotidianas para el suburbio y la ciudad son muy conocidas: congestión de tráfico y transporte ineficiente, vivienda escasa y cara, contaminación del aire y agua, segregación social y ausencia de convivencia comunitaria. En las décadas posteriores a las Segunda Guerra, millones de americanos dejaron las ciudades para radicar en los suburbios, pero de alguna manera, la ciudad va tras ellos. Sin embargo, la persistencia de las antiguas fronteras políticas impide que los problemas que enfrenta sean endosados en conjunto o discutidos coherentemente. La atención de la política pública se ha dispersado entre los problemas de transporte, vivienda, empleo, ambiente, y equidad social, pero difícilmente considera la dinámica urbana que subyace en ellos: la nueva forma que han tomado las ciudades americanas. Tampoco se habla mucho sobre las vías alternativas de desarrollo de algunas ciudades-región en Norteamérica que podrían ser la base de un nuevo paradigma para las ciudadesregión y barrios en el próximo siglo.

Evolución de la ciudad

El surgimiento de una forma nueva de asentamiento humano es relativamente raro en la historia humana. Durante miles de años, los asentamientos humanos crecieron lenta y predeciblemente. Generalmente, se expandieron en anillos concéntricos, siendo cada expansión mayor pero conservando su antigua forma. Por ejemplo, mientras la ciudad europea de Bruges crecía en un periodo de 500 años, sus murallas eran desplazadas periódicamente hacia afuera, pero conservó el mismo tipo de forma. Como ciudad preindustrial, Bruges enfrentó límites tecnológicos y económicos a su tamaño, tales como las distancias que a diario debían recorrerse a pie.

Las relaciones entre cómo crecen las cosas y las formas que toman fascinaron al biólogo D’Arcy Thompson. En su libro de 1917, Sobre el Crecimiento y la Forma, Thompson analizó tanto objetos naturales como fabricados, desde conchas marinas, dientes, pulgas, y dinosaurios hasta burbujas de jabón y puentes, observando cómo y cuándo su forma se ajustaba y cambiaba durante el crecimiento. Si este patrón, como argüía Thompson, se aplica a construcciones metálicas como calentadores (boilers) y construcciones biológicas como la concha marina Forminifera, también se aplica a las construcciones sociales como las ciudades. Antes de la revolución industrial, el tamaño de los pueblos y ciudades se restringía a sus límites naturales, tales como la capacidad del campo aledaño para surtir alimento y la capacidad de la gente para desplazarse a pie en animales sin vehículos mecanizados. Los ferrocarriles cambiaron la forma de la ciudad de dos maneras. Los largos tendidos de líneas férreas conectando otras ciudades y áreas agrícolas distantes liberaron al tamaño de población de una ciudad de la dependencia de los alimentos de los campos adyacentes. Los tendidos férreos más cortos hacia el campo significaron que el tamaño geográfico de la ciudad ya no estuviera limitada por la distancia que se puede cubrir a pie. La ciudad evolucionó “en forma de estrella,” con nuevos asentamientos —
suburbios sobre las vías— concentrados en las inmediaciones de las estaciones de tren, distantes a unas cuantas millas. La herencia de la dependencia de los EE.UU. de las líneas férreas y la estación queda con nosotros: La Región de Nueva York, por ejemplo, tiene una red férrea envejecida y algo desconectada pero aún incluye 900 estaciones de ferrocarril.

El suburbio de ferrocarril fue una invención del siglo XIX, pero también es un modelo espacial alternativo para el siglo veintiuno que retiene algunas ventajas notables comparadas con la dispersión de los suburbios más recientes de la edad del automóvil. Las ventajas del patrón en estrella radica en su compactación física y social, en su preservación de los alrededores, y en su economía y eficiencia de transporte.
El automóvil cambió radicalmente la forma de la ciudad. El carro particular dio extraordinaria flexibilidad, adaptabilidad, y alternativas. El espacio y el tiempo se reconfiguraron. Los ejes de la ciudad -tan claros en la ciudad pre-industrial y aún evidentes en los corredores en forma de dedos de la ciudad industrial- se desvanecieron. Los centros urbanos lucharon por acomodar sus nuevos habitantes -siempre moviendo y estacionando vehículos. Los centros conservaron su apariencia - centros comerciales, de investigación, de deportes, de salud, por mencionar algunos— pero cada uno se convirtió en un centro separado. La ciudad se convirtió en una ciudad región de centros desunidos. Hoy, en el mejor de los casos, es una galaxia; en el peor, es un caos.

el Paradigma de Los Angeles

Históricamente, dos movimientos masivos de población han formado las ciudades americanas. El movimiento del campo-a la-ciudad después de la Guerra Civil se compara con el movimiento masivo ciudad-a-suburbio después de la Segunda Guerra. Hoy más de la mitad de la población de la nación vive en suburbios. Aunque aún son jurisdicciones legales separadas, ya no tiene sentido hablar de suburbios y ciudades como si fueran entidades separadas; están económica y ecológicamente unidas en un nuevo tipo de asentamiento, la ciudad región.

Periódicamente, una ciudad parece ser la personificación e imagen de lo nuevo. Los historiadores le llaman la “conmoción urbana”.
Los Angeles ha representado la “conmoción urbana” de nuestro tiempo, como Manchester, Inglaterra, lo fue en el siglo diecinueve y
Nueva York en la primera mitad del siglo actual. Los Angeles es vista como la primer ciudad americana en deshacerse de los
modelos europeos de crecimiento y forma. El arquitecto y urbanista Richard Weinstein argumenta que “la estructura del ambiente
construido como existe en Los Angeles representa ahora un paradigma de crecimiento que domina a más de la mitad de la
población de los EE.UU. y es, con variaciones, el patrón de crecimiento de la mayoría de los nuevos asentamientos del mundo desarrollado.”
El paradigma de Los Angeles es una matriz desbordada, extendida, abierta, entrelazada con corredores lineales, desde boulevards a franjas comerciales, y cubierta de autopistas. Las palabras básicas para describirla son fragmentada, incompleta, ad hoc, dispersa. En relación al ambiente de Los Angeles, Weinstein argumenta que la matriz extendida y abierta, con todos sus espacios interiores, es mejor para la salud ambiental que las estructuras urbanas más densas y continuas. Hay más áreas verdes intermedias.

Pero la forma urbana de Los Angeles ha tendido consecuencias para la desigualdad social. Las colonias étnicas se han aislado, fragmentado. Si la meta es balancear la economía, el ambiente y la equidad social, ¿es la matriz abierta y extendida de Los Angeles el modelo inevitable para las ciudades americanas?

luces del norte

En el continente norteamericano, Toronto representa un modelo alternativo de crecimiento y forma urbana. En contraste a Los Angeles, Toronto genera vitalidad en sus centros. El centro de Toronto es vibrante y amigable para el peatón, y sus barrios conservan la fuerza como lugares de sociabilidad.
Gracias al desarrollo de un tránsito colectivo o de masas, Toronto tuvo éxito, al menos para mediados de los setenta, en unir sus centros y retardar la dependencia del automóvil, consumidora de tierra y productora de smog. Un elemento clave en este logro fue que Toronto guió su auge de postguerra con su sistema de gobierno denominado Metro-Toronto que integró la toma de decisiones urbanas y suburbanas. Metro-Toronto no sólo tuvo jurisdicción sobre la planificación de las cinco municipalidades del centro metropolitano, sino también sobre las comunidades adyacentes. Entre sus logros estuvo una red de trenes ligeros financiada por la ciudad central.

Toronto se ha convertido así en una ciudad con más equidad que Los Angeles no sólo por la generosidad de los programas sociales de Canadá, sino gracias a que la ciudad no ha aislado a sus residentes menos ricos. Las minorías étnicas, los pobres, y los viejos -gracias a la política pública- están menos segregados en Toronto que en otras ciudades-región de Norteamérica. Toronto no sólo construyó las conexiones de transporte; también creó la mayor cantidad de vivienda dispersa de ingresos mixtos del continente.

En décadas recientes, sin embargo, el patrón de desarrollo de Toronto ha dejado esa dirección. En 1972, el gobierno de la provincia de Ontario reagrupó las comunidades aledañas en cuatro mini-gobiernos metropolitanos (Halton, Peel, York, y Durham), cada uno con gran poder sobre su propia región. Según Gardner Church, un experto en ciencia política de la Universidad de York, la provincia fracasó en crear cualquier autoridad de planeación comprensiva o en sostener sus compromisos anteriores para frenar el crecimiento y coordinar el transporte. La dispersión establecida y la región estuvieron en riesgo de ser, como alguna vez lo dijeran los observadores, “Viena rodeada de Pheonix.” Pero recientemente, en un esfuerzo por corregir este traspié, la provincia ha convertido a Metro-Toronto en el gobierno unificado del centro metropolitano y creado una nueva autoridad super-regional, denominada Gran-Toronto, para el transporte, servicios sociales, y desarrollo económico. Las áreas aledañas compartirán los costos de los servicios sociales con Toronto. Church cree que este nuevo sistema “ofrece el potencial para volver a una planificación comprensiva y progresiva.”

Otro modelo para el futuro viene del noroeste del Pacífico, donde una cadena de ciudades — incluyendo Portland, Seattle, y Vancouver— forman una ciudad-región generalmente llamada “Cascadia” (debido a las caídas de agua de las Montañas “Cascada” que corren paralelas a la costa del Pacífico). Aunque esta nueva ciudad-región atraviesa el estado y las fronteras internacionales, la idea emergente de Cascadia provee una visión económica integrada de los asentamientos a lo largo de un corredor regional, una “Avenida Principal” o Main Street llamada Autopista Interestatal 5. Lo que es especialmente notable es que incluye una visión ecológica integrada de la geología, vegetación, especies naturales, clima, y movimiento del agua a través de la región.

Cascadia muestra que un equilibrio en la naturaleza, sociedad, y cultura todavía puede ser la base para la construcción de la
ciudad. Hay que pensar en Cascadia como un candidato para la próxima “conmoción urbana” de los historiadores. Todos sus predecesores, Manchester, Nueva York, y Los Angeles, tomaron su imagen del medio construido. Cascadia finca su poder en su medio natural como un nuevo paradigma.

Portland, Seattle, y Vancouver individualmente han sido pioneros en la planeación para la protección ambiental y la provisión de áreas verdes (parques, riveras, hábitats naturales) como partes de la actividad urbana. Hoy, sin embargo, las áreas verdes están en riesgo. El mayor reto está en el rápido crecimiento de la población y en un patrón de asentamientos humanos que, como en otras ciudades-región, ocupa tierra a una tasa aún mayor. El desarrollo disperso tiene como consecuencia el uso ineficiente de la tierra, la energía, y otros recursos y ha tenido profundos impactos en la calidad del aire, la hidrología de las vertientes, y la salud ambiental de los habitantes. La cuestión es si Cascadia seguirá el mismo camino que Los Angeles. O como los urbanistas de Cascadia Ethan Seltzer, Ann Vernez Moudon, y Alan Artibise lo pusieron, “¿Será el legado de nuestros tiempos al sostén del ambiente, o el consumo destructivo de uno de los paisajes más extraordinarios y abundantes del continente?”.

Cascadia también ha intentado atender las necesidades sociales de los diversos residentes regulando la forma del desarrollo urbano. A diferencia de la mayoría de otras las ciudades-región, ha tratado de definir “los límites del crecimiento urbano” para promover el desarrollo compacto y las “villas urbanas” con una mezcla de actividades de vida, trabajo, y ocio. Portland, por ejemplo, ha puesto un límite al crecimiento, que es el compromiso más concreto de Norteamérica para invertir las tendencias de la segregación racial y de clase y el abandono de los cascos urbanos (asentamiento original). Pero Portland nunca habría sido capaz de desarrollar este proceso de no haber sido por la acción estatal.


liderazgo en los estados

En el sistema político americano, las ciudades tienen poca autonomía. La autoridad descansa en los gobiernos estatales para decretar políticas y programas efectivos que den forma al desarrollo de las ciudades. Dos estados, Oregon y Nueva Jersey, destacan como líderes.
Desde 1973, Oregon ha exigido a cada ciudad trazar un límite de crecimiento en base a la magnitud de su desarrollo económico y a las necesidades de la comunidad en los 20 años siguientes. A su vez, la ciudad desarrolla un plan comprensivo, incluyendo los pasos que seguirá para crear la infraestructura de agua y drenaje necesaria, vías y tránsito, y otros servicios públicos dentro de la frontera de crecimiento. La frontera de crecimiento también influencia los gastos estatales en autopistas y otras vías. Para 1986, para cumplir con los estándares estatales, todas las comunidades en Oregon, disponían de los planes de crecimiento que limitan su expansión.

Ethan Seltzer, que dirige el Instituto de Estudios Metropolitanos de Portland (Institute of Portland Metropolitan Studies) en la Universidad Estatal de Portland, explica que el estado espera que la tierra dentro de los límites de crecimiento urbano sea desarrollada atendiendo a las densidades urbanas y, de hecho, permite a los desarrolladores solicitar a la corte la aprobación inmediata si la jurisdicción local no tramita las solicitudes de permiso en un plazo de 120 días. “Esto significa que el desarrollo multifamiliar ocurre por derecho y siguiendo un plan aún en los suburbios!” Dice Seltzer. Pero fuera de los límites, continúa, “no puedes desarrollar tierra a densidades urbanas, no puedes tener servicios urbanos, y enfrentas restricciones estrictas sobre lo que puede ser construido en las zonas agrícolas y de bosque. Aún la ampliación de caminos para usos no agrícolas es fuertemente regulado fuera de los límites de crecimiento urbano.”

Seltzer destaca:
La creatividad interviene porque, especialmente en años recientes, el estado se compromete a acomodar el crecimiento a través de la ocupación de los espacios internos existentes (viviendas y baldíos) y proyectos de redesarrollo, y no sólo extendiéndose hacia la tierra vacante de las orillas. Hoy, el mercado está respondiendo. En los últimos seis meses, 30 por ciento de nuestro crecimiento residencial ha sido desarrollo interior a la región, 15 por ciento ha sido adición de vivienda/townhouses. . .. Hay desarrollo activo de vivienda en el centro de Portland, y probablemente veremos una nueva escuela primaria en el centro dentro de muy poco.
El programa de Oregon obliga a las ciudades e inversionistas a ocupar tierra señalada para uso urbano de una forma similar a la que un agricultor atiende sus campos. Más que provocar desinversión, buscamos reinversión. Tiene un costo. Actualmente
luchamos entre nuestra popularidad y lo que significa vivir en una región no barata pero deseable, con valor.
Creo que hemos probado que buscar un fin en la extensión urbana es posible y deseable, pero por sí mismo no resolverá los problemas de pobreza ni proveerá de vivienda económica.

Agrega que mientras los límites urbanos no son una “bala de plata,” ellos “son eficaces para el fin que se proponen: paran la dispersión sobre tierra agrícola, dirigen la atención hacia tierras ya señaladas para uso urbano, y en la región metropolitana, sugieren a los funcionarios locales elegidos que su futuro es compartido y mejor si cuentan con el apoyo de las jurisdicciones hermanas viviendo en la misma economía.”

El crecimiento y la forma de las ciudades son asuntos críticos para Nueva Jersey, el único estado que es ocupado completamente por “áreas metropolitanas,” de acuerdo con el Censo de los EE.UU. En 1992, Nueva Jersey elaboró su primer plan estatal para “coordinar las acciones públicas y privadas para guiar el crecimiento futuro en formas compactas de desarrollo y redersarrollo, el crecimiento económico en localidades que están bien situadas con respecto a los servicios públicos y facilidades actuales y anticipadas; y desincentivar el desarrollo donde pueda dañar o destruir recursos naturales o la calidad del ambiente.”

En la búsqueda de Nueva Jersey de un nuevo modelo de crecimiento urbano y forma, la palabra clave es compacto. Comparando las tendencias tradicionales con las nuevas políticas propuestas por el plan estatal, James Hughes y sus colegas en la Universidad de Rutgers encontraron que el desarrollo compacto generaría mas empleos en centros accesibles dentro de la región, reduciendo, por lo tanto, las tasas de desempleo en las asentamientos más viejos (inner cities). También habría menos destrucción del ambiente natural porque se preservarían los bosques, vertientes y tierras agrícolas. Los gobiernos locales y estatales ahorrarían dinero porque también habría menos necesidad de infraestructura. Por ejemplo, para acomodar el crecimiento hasta el año 2010, el patrón tradicional necesitaría 5,500 millas lineales (8, 851 kms.) de nuevas vías locales. Para la misma población y economía, el plan estatal sólo requeriría 1,600 nuevas millas lineales (2, 575 kms.). Pero el mayor beneficio estaría en la revitalización de los barrios.


aquí aparece el barrio

Para la revitalización de nuestras ciudades, el “barrio” casi siempre es citado como la unidad construida básica. Hoy, en los EE.UU., hay dos conceptos diferentes. La primera es la idea de “barrio” con un centro y una frontera. Espacial y socialmente, este barrio se centra en su núcleo: tiendas locales, una escuela de barrio, quizá una biblioteca y otras servicios comunitarios de educación, salud, y recreación. El tamaño y la densidad de la población del barrio dependen de su núcleo. En su frontera, los límites del barrio están marcados por señalamientos —generalmente, vías o andadores, o en las ciudades, calles arteriales. Los barrios, en este concepto, son nombres dados y generan lealtad; también son reservados e intencionalmente estáticos.
Las implicaciones de este concepto de barrio sobre el medio construido son claras: Los grupos de barrios pueden crear un distrito, y los grupos de distritos crean una ciudad. Este concepto de “grupo” de barrio, distrito, y ciudad es típicamente americano. Impregna los planes comprensivos de postguerra de restructuración de ciudades viejas como Filadelfia y de construcción de ciudades nuevas como Columbia, Maryland. Se manifiesta en el poder de los “consejeros ciudadanos” de las grandes ciudades. Y es alabado (sin que necesariamente lo hagan efectivo) por los desarrolladores y sus agencias de publicidad para áreas suburbanas.

El segundo concepto, el “barrio-calle,” es radicalmente diferente. No tiene la claridad espacial y social del “barrio con centro y periferia.” En su lugar, idealiza la cohesión natural que proviene de la “vecindad” de calle y banqueta. Este sentido de barrio es consecuencia del contacto cara a cara, casual e informal en la vida cotidiana de la ciudad. Para la traducción espacial de este concepto de barrio, es especialmente útil el plan de trazo de calles de ciudades tales como Manhattan. Paradójicamente, la forma pública estructural, estática y predecible, puede mantener y estimular la vida espontánea de cada uno —de residentes y visitantes, trabajadores y paseantes, propios y extraños— de manera dinámica, en pequeña escala y ad-hoc.

La clave en este concepto de barrio es la calle y la banqueta. La calle es la armadura, el esqueleto, la estructura de la calle-barrio. Las instituciones sociales están adscritas a las calles que las caracterizan como barrio: las escuelas, las tiendas de alimentos, cafeterías, librerías y bibliotecas, cines, tiendas de servicio local, asociaciones de salud, parques y campos de juego, y por supuesto, los lugares de trabajo y las viviendas de los vecinos. El barrio-calle es inmensamente popular. En todo los EE.UU., Por ejemplo, los distritos viejos son usados como lugares nuevos de vida-trabajo; los centros comerciales tratan de estimular la vida de la calle y la acera; y las ciudades empiezan a reconocer que la clave del barrio es la calle y su calidad de vida.


perspectivas urbanas

¿Cómo pueden servir estos conceptos de barrio a una nueva sociedad profundamente afectada por los cambios en las tecnologías de comunicación e información? Ofrecen posibilidades positivas y negativas.

El barrio con un centro y límites puede crear una comunidad a escala humana y un sentido de lugar dentro de una gran ciudad-región. Por ser una unidad de desarrollo con límites propios, el barrio puede ayudar a establecer una frontera al crecimiento urbano. Pero del barrio de centro y límites puede convertirse en patológico si la frontera territorial es estrictamente definida, que excluye a los extraños de una comunidad segregada.

El barrio-calle tiene la ventaja que no crea intencionalmente fronteras físicas que excluyan gente. En mucho, es abierto, acogedor y definido. Diversos lugares de calle y banqueta serían parte de los barrios convencionales de centro y límite, o más aún, en la constitución de la dispersión suburbana. Pero el barrio-calle también tiene posibilidades patológicas: Las calles pueden ser asentamiento territorial de intimidación y crimen y, en el peor de los casos, estas amenazas pueden destruir nuestras ciudades.

Cada vez más, la “Calle Principal” recobra importancia como centro vivo de las inmediaciones de un barrio. En Toronto, por ejemplo, la diversidad étnica de una ciudad-región se expresa por su variedad de barrios —barrio griego, chino, portugués— cada uno con su propia calle principal. Lo que ha sido St. Claire Avenue es hoy Corso Italia. De manera similar, al norte de Manhattan, los barrios de Harlem son definidos por sus calles que los cruzan de punta a punta. El más famoso es el de la 125ava Calle, pero otros como los de la 116ava y 135ava calles son franjas de lugares vivos, arterias centrales para la actividad económica y cultural.

Si, como Peter Drucker predice, nuestra futura organización del trabajo se parecerá a la de las ciudades pre-industriales, con una entremezcla, más que separación, de lugares de residencia y lugares de trabajo, entonces el barrio-calle será otra vez el asentamiento vibrante de la vida cotidiana. Más aún, definiremos lugares para encontrarnos, para ver y ser vistos, para beber café juntos, y quizá, para realizar nuestras actividades comunitarias.

Pero esto no pasará automáticamente; la forma de una ciudad es consecuencia de las políticas públicas. Se necesitan cuatro clases de políticas: compactación regional para construir y mantener la infraestructura de transporte, agua y basura; crecimiento de los límites de la comunidad para que contenga la tierra urbana para construcciones; compactación regional para preservar los espacios
verdes y los sistemas ecológicos naturales; e iniciativas públicas para mantener los centros de las ciudades y los barrios.

Las calles y aceras, edificios y plazas, jardines y parques afectan profundamente nuestra vida cotidiana y deberían ser materia de debate público. “Por su forma, como por su nacimiento,” escribió el antropólogo francés Claude Levi-Strauss, “la ciudad tiene elementos a la vez de procreación biológica, evolución orgánica y creación estética. Es un objeto natural y una cosa a ser cultivada; algo vivido y algo soñado. Es la invención humana por excelencia.” Necesitamos el coraje de crear nuestras ciudades otra vez.