18.5.08

Guy Debord / Teoría de la deriva

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Documentos Situacionistas (1958)


Entre los diversos procedimientos situacionistas, la deriva se presenta como una técnica de paso prematuro a través de ambientes variados. El concepto de deriva está ligado indisolublemente al reconocimiento de efectos de naturaleza psicogeográfica, y a la afirmación de un comportamiento lúdico-constructivo, lo que la opone totalmente a las nociones clásicas de viaje o paseo. Una o varias personas dedicándose a la deriva renuncian, por un tiempo más o menos largo, a las razones de desplazarse o actuar que conocen, generalmente, en las relaciones, trabajos y entretenimientos que les son propios, para dejarse llevar por las solicitaciones del terreno y los reencuentros que a él corresponden. La parte aleatoria es aquí menos importante de lo que se cree : desde el punto de vista de la deriva, existe un relieve psicogeográfico de las ciudades, con corrientes constantes, puntos fijos, y torbellinos, que dan acceso o salida a algunas zonas muy penosas. Pero la deriva, en su unidad, comprende a la vez ese dejarse llevar y su contradicción necesaria: la dominación de las variaciones psicogeográficas por el conocimiento y el cálculo de sus posibilidades. Bajo este último aspecto los datos puestos en evidencia por la ecología, y tan limitado como sea a priori el espacio social que esta ciencia se propone estudiar, no dejan de sostener útilmente el pensamiento psicogeográfico. El análisis ecológico del carácter absoluto o relativo de los cortes del tejido urbano, del papel de los micro-climas, de las unidades elementales enteramente distintas de los barrios administrativos, y sobre todo, la acción dominante de centros de atracción, debe ser utilizado y completado por el método psicogeográfico. El terreno pasional objetivo en el que se mueve la deriva, debe ser definido al mismo tiempo según su propio determinismo y según sus relaciones con la morfología social. Chombart de Lauwe en su estudio sobre "París y la aglomeración parisina" (Biblioteca de Sociología Contemporánea, P.U.F. 1952) señala que "un barrio urbano no está determinado solamente por los factores geográficos y económicos sino por la representación que sus habitantes y los de otros barrios tienen de él". y presenta en la misma obra. para mostrar "la estrechez del París real en el que vive cada individuo... geográficamente un marco cuyo radio es extremadamente pequeño", el trazado de todos los recorridos efectuados en un año por una estudiante del distrito XVl; esos recorridos dibujan un triángulo de dimensión reducida, sin escapes; en los tres extremos están la Escuela de Ciencias Políticas, el domicilio de la joven y el de su profesor de piano. No es dudoso que tales esquemas, ejemplos de una poesía moderna susceptible de traer consigo vivas reacciones afectivas, en este caso la indignación de que sea posible vivir de esta manera, o incluso la teoría, avanzada por Burgess a propósito de Chicago, del reparto de las actividades sociales en zonas concéntricas definidas, no deben servir al progreso de la deriva. El azar juega en la deriva un papel tanto más importante en cuanto que la observación psicogeográfica está todavía poco asegurada. Pero la acción del azar es naturalmente conservadora y tiende, en un nuevo marco, a reducir todo a la alternancia de un número limitado de variantes y al hábito. Al no ser nunca el progreso más que la ruptura de uno de los marcos en los que actúa el azar, mediante la creación de nuevas condiciones, más favorables a nuestros designios, se puede decir que los azares de la deriva son diferentes fundamentalmente de los del paseo, pero que los primeros atractivos psicogeográficos que se descubren, corren el riesgo de fijar al sujeto o el grupo que deriva, alrededor de nuevos alrededor de nuevos ejes habituales, a donde todo les vuelve a llevar constantemente. Una desconfianza insuficiente con respecto al azar, y a su empleo ideológico, que es siempre reaccionario, condenaba a un triste fracaso a la célebre deambulación sin fin, intentada, en 1923, por cuatro surrealistas a partir de una ciudad escogida al azar. el vagar en campo raso es, evidentemente, deprimente y las interrupciones del azar son más pobres que en ninguna otra ocasión. Pero la irreflexión es llevada mucho más lejos en Medium (mayo 1954), por cierto Pierre Vendryes que cree poder añadir a esta anécdota, porque todo ello participaría de una misma liberación antideterminista, algunas experiencias probabilísticas, por ejemplo, sobre la distribución aleatoria de renacuajos en un cristalizador circular, cuya clave da al precisar. "es necesario, por supuesto, que semejante muchedumbre no sufra ninguna influencia directiva desde el exterior". En estas condiciones se llevan la palma los renacuajos, que tienen la ventaja de estar "tan carentes como es posible de Inteligencia, sociabilidad y de sexualidad", y por tanto, son verdaderamente independientes los unos de los otros". En las antípodas de estas aberraciones, el carácter principalmente urbano de la deriva, en contacto con los centros de posibilidades y significaciones, que son las grandes ciudades transformadas por la industria, respondería más bien a la frase de Marx : "Los hombres no pueden tener nada alrededor de sí, que no sea su rostro; todo les habla de sí mismos. Su mismo paisaje está animado". Se puede derivar solo, pero todo indica que la repartición numérica más fructuosa consiste en varios grupos pequeños de dos o tres personas que han Ilegado a una misma toma de conciencia; el resaltar las impresiones de estos grupos distintos debe permitir llegar a unas conclusiones objetivas. Es deseable que la composición de esos grupos cambie de una deriva a otra. Por encima de los cuatro o cinco participantes el carácter de la deriva decrece rápidamente, y, en todo caso, es imposible superar la decena sin que la deriva se fragmente en varias derivas llevadas a cabo simultáneamente. La práctica de este último movimiento es, por otra parte, de gran interés, pero las dificultades que lleva consigo no han permitido organizarlos con la amplitud deseable hasta el momento. La duración media de una deriva es la jornada, considerada como el intervalo de tiempo comprendido entre dos períodos de sueño. Los puntos de partida y llegada, en el tiempo, con relación a la jornada solar, son indiferentes, pero hay que señalar que las últimas horas de la noche son, generalmente, impropias de la deriva. Esta duración media de la deriva sólo tiene un valor estadístico. En primer lugar, porque se presenta raramente en toda su pureza, al evitar difícilmente los interesados, al principio o al final de jornada, distraer una o dos horas para dedicarlas a ocupaciones banales; al fin de la jornada, la fatiga contribuye mucho a este abandono. Pero, sobre todo, la deriva se desarrolla a menudo en algunas horas fijadas deliberadamente, o incluso fortuitamente durante un tiempo bastante breve, o, por el contrario, durante varios días sin interrupción. A pesar de las paradas, impuestas por la necesidad de dormir, algunas derivas de bastante intensidad se han prolongado tres o cuatro días, e incluso más. Es verdad que, en el caso de una sucesión de derivas un período bastante largo, es casi imposible determinar con alguna precisión el momento en que el estado mental propio a una deriva dada da cabida a otra. Una sucesión de derivas se ha proseguido sin interrupción notable alrededor de dos meses, lo que no tiene lugar sin traer nuevas condiciones objetivas de comportamiento, que llevan consigo la desaparición de gran cantidad de las antiguas. La influencia de las variaciones del clima sobre la deriva, aunque real, no es determinante más que en los casos de lluvias prolongadas, que la impiden casi absolutamente. Pero las tempestades o los demás tipos de precipitación son más bien propicias. El campo espacial de Ia deriva es más o menos preciso o vago, según apunte esta actividad, bien al estudio de un terreno, bien a unos resultados afectivos desconcertantes. No hay que despreciar el hecho de que estos dos aspectos de la deriva presentan múltiples interferencias, y que es imposible aislar unos de ellos en su estado puro. Pero, finalmente, el uso de los taxis, por ejemplo, puede dar una línea de partida bastante clara; si en el curso de una deriva se coge un taxi, bien con un destino preciso, bien para desplazarse veinte minutos hacia el Oeste, es que se opta, sobre todo, por la desorientación personal. Si se dedica a la exploración directa de un terreno, se prefiere la búsqueda de un urbanismo psicogeográfico. En todos los casos el campo espacial está en función, en primer lugar, de las bases de partida constituidas, para los individuos aislados, por su domicilio, y para los grupos, por los lugares de reunión escogidos. La extensión máxima del campo espacial no supera el conjunto de una gran ciudad y sus suburbios. Su extensión mínima puede estar reducida a una pequeña unidad de ambiente : sólo un barrio, o incluso un solo islote si vale la pena (en el límite extremo de la deriva estática de una jornada sin salir de la estación Saint Lazare). La exploración de un campo espacial fijado supone pues, el establecimiento de bases, y el cálculo de las direcciones de penetración. Es aqui donde interviene el estudio de los mapas, tantos los corrientes como los ecológicos o psicogeográficos; la rectificación o mejora de estos mapas. ¿Es necesario decir que la predilección por el barrio, desconocido en sí mismo, jamás recorrido, no interviene de ninguna manera? Aparte de su insignificancia, este aspecto del probIema es completamente subjetivo, y no subsiste mucho tiempo. La parte de la exploración, al contrario, es mínima con relación a la de un comportamiento desconcertante, en la "cita posible". El sujeto es invitado a dirigirse solo a una hora que se precisa a un lugar que se le fija liberado de las penosas obligaciones de la cita ordinaria, ya que no tiene que esperar a nadie. Sin embargo, al haberle llevado esta "cita posible", inesperadamente, a un lugar que puede conocer o ignorar, observa los alrededores. Se ha podido, al mismo tiempo, dar otra "cita posible", en el mismo lugar, a alguien cuya identidad no puede prever. Incluso, puede no haberle visto nunca; lo incita a entrar en conversación con diversos transeúntes. Puede no encontrar a nadie, o incluso encontrar por azar al que ha fijado la "cita posible". De todas formas y, sobre todo, si el lugar y la hora han sido bien escogidos, el empleo del tiempo del sujeto tomará un giro imprevisto. Incluso, puede pedir por teléfono otra "cita posible" a alguien que ignora a dónde le ha conducido la primera. Se puede ver los recursos casi infinitos de este pasatiempo. Así, el modo de vida poco coherente, e incluso ciertas bromas consideradas equívocas, siempre han tenido cabida en nuestro entorno, como, por ejemplo, introducirse de noche en los pisos de las casas en demolición, recorrer sin parar París en autostop durante una huelga de transportes, bajo el pretexto de agravar la confusión haciéndose conducir a cualquier sitio, errar en esos subterráneos de las catacumbas que están prohibidos al público, recogerían un sentimiento más general que no sería más que el sentimiento de la deriva. Lo que se puede escribir es válido únicamente como santo y seña en este gran juego.

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